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Jeff Jacoby

Libertad de expresión, también en inglés

Una cosa es decir que los locales públicos no puedan reservarse el derecho de admisión con el argumento del origen nacional. Pero es bastante más radical decir que un cartel que exhorta a los clientes a hablar en inglés debería también ser ilegal.

Jeff Jacoby
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Esto es Estados Unidos. Si usted planea responderme a esta columna, asegúrese de hacerlo en inglés. Espere un segundo. ¿Se me permite decir eso?

Hace seis meses, Joey Vento colocó un cartel diciendo más o menos lo mismo –"Esto es América. Cuando pida, hable inglés"– en la ventanilla de recogida de Geno's Steaks, su popular restaurante de los típicos bocadillos de carne con queso de Filadelfia. Como resultado, se encuentra en el objetivo de la acción legal por parte de la Comisión de Relaciones Humanas de la ciudad, que presentó una queja la semana pasada acusando a Geno's de discriminación contra los no angloparlantes sobre la base del origen o ascendencia nacional. Bajo la "Ordenanza de prácticas justas" de la ciudad, la comisión investigará la queja y podría en última instancia ordenar a Vento retirar su cartel o afrontar una multa por rehusar hacerlo.

La señal no atrajo la más mínima curiosidad hasta que el Philadelphia Inquirer publicó una noticia acerca de ella el 30 de mayo. Eso despertó una verdadera avalancha de atención, con apariciones de Vento en un gran número de programas de radio y televisión nacionales. Han informado sobre ello incluso periódicos australianos y más turistas que nunca inundan el local saturado de neón de Vento en la Novena con Passyunk Avenue.

Dejando aparte todo el follón que ha provocado este caso, apenas hay realmente dos hechos esenciales en el mismo, y ambos aparecen claramente en la noticia original del Inquirer. Este es el primero: "La declaración política de Vento –de un hombre cuyos abuelos, italianos de nacimiento, apenas hablaban un inglés macarrónico– captura la furia y el descontento sentido por muchos americanos acerca de los inmigrantes ilegales". Y este es el segundo: "Si usted no sabe decirme lo que quiere, yo no puedo atenderle'" decía. "Depende de usted. Si usted no sabe leer, si usted no puede decir la palabra queso, ¿cómo puedo comunicarme con usted? ¿Y por qué debería dar mi brazo a torcer?"

En otras palabras, la señal de Vento pretendía expresar un punto de vista en un tema controvertido; exactamente el tipo de discurso para cuya protección fue redactada la Primera Enmienda. Y puesto que aparentemente él mismo sólo habla inglés, decir a los clientes que hagan lo mismo fue un modo de mantener avanzando las largas colas en Geno's, no de expulsar a los clientes por prejuicios. Geno's no se habría convertido ni de lejos en el arrollador éxito que es si su propietario tuviera el hábito de rehusar servir a alguien. Vento afirma que no se le ha negado atención a nadie por no pedir en inglés, y nadie ha salido a la palestra para contradecirle.

Pero nada de eso parece importar a los censores y metomentodos, que califican a Vento y sus señal de "Hable inglés" como ofensivos y que están dispuestos a hacer trizas su libertad de expresión para darle una lección a él y a cualquiera con opiniones políticamente incorrectas acerca del grupo de víctimas que decidan designar.

"Pensamos que es discriminatorio, y nos preocupa a causa de la imagen de Filadelfia", declara el presidente de la Comisión de Relaciones Humanas, el reverendo James Allen Sr. "El tema no es si a alguien se le ha negado servicio, sino si tal señal disuade a la gente de entrar, a pedir que le sirvan".

¿Pero cómo puede disuadir a gente que no habla inglés una señal escrita en inglés? Alguien que maneje con la suficiente destreza el inglés como para leer la señal de Vento sabe presumiblemente bastante para pedir un bocadillo de su extremadamente limitado menú. Cualquiera que no sepa leer el cartel no puede verse disuadido o sentirse discriminado frente a lo que dice.

En cualquier caso –y más importante–, ¿desde cuando la "imagen de Filadelfia" pasa por encima de la Primera Enmienda?

En un editorial exquisitamente cuidadoso acerca del suceso el pasado jueves, el Inquirer elaborada sobre cómo es cierto que "Vento tiene derecho a la libertad de expresión. Pero, en ocasiones, el derecho de una persona choca con el de otra persona, y algo se tiene que ceder. Vento gestiona un local público, exactamente igual que esas barras de comidas en el Sur en las que los afroamericanos no podían sentarse. Parte de los argumentos que algunos de los defensores de Vento ofrecen suenan desagradablemente familiares con aquellos días."

"Para ser justos", añadía rápidamente el editorial, "la analogía termina allí. Es difícil vincular cualquier prejuicio real a la ostentación de 'sólo inglés' de Vento. No está acusado de negar servicio realmente a ningún cliente". ¿Entonces por qué deja caer la difamación anterior? ¿Y cuál es exactamente la diferencia entre "ostentación" y ejercer el derecho de uno a la libertad de expresión? Si su "ostentación" es que un cocinero de bocadillos coloque una señal de siete palabras en su ventana, ¿cómo se llama cuando una compañía editorial publica centenares de miles de copias de un editorial de 450 palabras para su distribución?

Una cosa es decir que los locales públicos no puedan reservarse el derecho de admisión con el argumento del origen nacional. Pero es bastante más radical decir que un cartel que exhorta a los clientes a hablar en inglés debería también ser ilegal. Cualquiera que se sienta ofendido por las opiniones de Vento es libre de boicotear su local y animar a otros a hacer lo mismo. Pero nada en la Constitución da a aquellos que están ofendidos el derecho a censurar el discurso de otro. Esté o no de acuerdo con las opiniones de Vento, un gobierno que puede castigarle por expresarlas en público es un gobierno que nos amenaza a todos.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe

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