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Jesús Fernández Úbeda

Incendia, pero no toques la cítara

Salud, presidente, pacta con Bildu cuantas veces quieras, indulta a sediciosos y a secuestradoras, pero ahórrate, por Dios, las homilías resilientes.

Salud, presidente, pacta con Bildu cuantas veces quieras, indulta a sediciosos y a secuestradoras, pero ahórrate, por Dios, las homilías resilientes.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en el Congreso para dar cuenta del caso Pegasus. | EFE

Los buitres que devoraban el hígado de Ticio, la roca que empujaba Sísifo o la rueda ardiente en la que estaba atado Ixión son agradables pasatiempos, blanditos ositos de peluche, comparados con los 64 minutos de Sánchez pontificando en el Congreso, este jueves, sobre la corrupción del PP –¡durante casi media hora!–, la reanudación del "diálogo con las instituciones catalanas" o la reivindicación del "imprescindible ejercicio de transparencia, de coherencia", realizado por el Gobierno durante la lidia del caso Pegasus. Todo ello, aliñado con archisobados palabros como "empatía" y, cómo no, "resiliencia". "¡Salud, augusto, y no cantes; asesina, pero no hagas versos; envenena, pero no bailes; incendia, pero no toques la cítara!", le decía por carta, antes de suicidarse, Petronio a Nerón en el Quo vadis? de Sienkiewicz. Salud, presidente, pacta con Bildu cuantas veces quieras, indulta a sediciosos y a secuestradoras, contribuye a la marginación del español en Cataluña, crucifica al autónomo, haz y deshaz en el CNI, pero ahórrate, por Dios bendito, las homilías parlamentarias infestadas de términos huecos.

Si Pablo Iglesias quería ser Ana Rosa, da la sensación de que Sánchez aspira a convertirse en el reverso progre y exhibicionista de Pío XIII, el papa de Sorrentino. Durante su insufrible perorata, el líder del Ejecutivo expuso con detalle las corruptelas estelares del PP –que viene a ser el equivalente al Joker de la democracia patria–, señaló que el Gobierno no tiene ni pajolera idea sobre lo que hacen los servicios de inteligencia, lamentó un fallo de seguridad "evidente" y anunció una nueva ley de secretos oficiales y una reforma de la ley orgánica del control judicial del CNI "para contentar a ERC", como cuenta el compañero Rubén Fernández. Al presidente le faltó rematar su tostón con una cita de Emilio Romero, el mejor director del diario Pueblo: "Yo no me vendo: me alquilo".

Cuca Gamarra fue fiel a su estilo: "Ha comenzado su intervención actuando más como el líder de la oposición que como el presidente del Gobierno". No sabría qué más destacar, lo juro por mi cuero cabelludo, en la intervención de la portavoz del principal, según los números, partido de la oposición. Bueno, sí: creo que hay un diputado pepero que cobra un ingreso extra por bramarle, cuando no berrearle, en plan venado empotrador, un "muy bien" estentóreo y, en general, inoportuno. Es algo así como un hincha disléxico. Imagínense, qué sé yo, al Frente Atlético celebrando un gol de Savić en propia puerta. Pues ese tipo es así. Tiene el síndrome de Casero.

Abascal dejó en su casa la camiseta de Drenthe y estuvo mucho mejor que en sus últimas intervenciones parlamentarias: "Usted –Sánchez– es capaz de espiar a los miembros de su propio Gobierno, si no lo ha hecho ya". El líder de Vox dejó un recado a la "derechita incauta": "No entendemos qué hace el señor Feijóo ofreciendo pactos después de lo que hemos oído aquí. Ningún colaboracionismo con este Gobierno es aceptable". Escoció en las filas sociatas que tildara al presidente de "autócrata", y Héctor Gómez pidió la palabra para denunciarlo. Los diputados voxeros le gritaron "pelota". Jaume Asens, a raíz del trato de García-Gallardo a Noelia Frutos, una procuradora socialista discapacitada: "Señor Abascal, ¿usted cree que es normal lo que han dicho ustedes? ¿Creen que son más normales que el señor Echenique?". El portavoz podemita se creció: "Al final, podemos acabar aquí como en Texas". Espinosa de los Monteros recordó que la cita "el derecho a portar armas es una de las bases de la democracia" tiene el copyright de Pablo Iglesias.

Rufián le dijo a Sánchez que es el "mayor controlador del CNI" y que, "en política y en la vida, la queja constante cansa, aunque sea justificada. Y nosotros nos quejamos mucho". Un diputado le gritó: "De eso vives". Con Míriam Nogueras, por salud mental, desconecté. Ferrán Bel, del PDeCAT, acertó al indicar que el debate no versaba sobre la corrupción del PP. Arrimadas definió al presidente como "una bola de demolición que no cesa de golpear las instituciones del Estado". La líder de Ciudadanos lamentó cómo sociatas y peperos se reparten las instituciones y criticó el "indulto infame a una mujer que ha secuestrado a un niño": "Qué pena que no esté la señora Montero aquí para decirle que dimita y que no use el nombre del feminismo para estas vergüenzas". Aitor Esteban negó que el 1 de octubre se produjera un golpe de Estado y tildó el argumento de mentira goebbelsiana. Los ladridos de Cerbero serán para mí menos molestos que estos cantos, aunque a ellos se parezcan.

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