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Una clarificación necesaria sobre el 11-M

En el caso de los atentados terroristas del 11 de marzo, se le ha hecho culpable, como tal Islam, de una serie de asesinatos en masa de los que nos consta que el Islam es inocente.

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Bism Illah Al-Rahman Al-Rahim

Me consta que muchos musulmanes en este país se inclinan más hacia el PSOE que hacia otras opciones políticas, pero dicha preferencia personal y social no puede colocarse por delante de la obligación que incumbe a todo musulmán de defender al Islam cuando es atacado injustamente. Y en este caso, es decir, en el caso de los atentados terroristas del 11 de marzo, se le ha hecho culpable, como tal Islam, de una serie de asesinatos en masa de los que nos consta que el Islam es inocente.

Naturalmente que en el Islam, como en cualquier otra religión, puede haber delincuentes y criminales, y sin duda los hay, pero eso es una cosa y otra muy distinta es tirar por elevación y acusar al Islam en sí mismo de organizar y ejecutar los terribles atentados de hace casi cuatro años, aunque con ello se aluda al Islam fundamentalista, que nosotros combatimos, como cualquier otra persona pacífica y democrática, sin tolerar por ello que se generalice y que se transmita el mensaje de que todos los musulmanes son culpables de algo de lo que ellos saben muy bien, y creo que sabemos todos, que no lo son.

En este orden de cosas, explicaremos cuál es el principio del Yihad, cómo la llevan a cabo los terroristas y cuál es la inevitable conclusión a la que tal estudio nos conduce.

A) Una proposición falsa

El Yihad auténtico es una superación personal y colectiva de la comunidad musulmana para lograr la aplicación correcta de la enseñanza del Islam. En caso extremo, se convertía en una movilización que se solía hacer en las fortalezas y ciudades fronterizas musulmanas con otros países no musulmanes para defenderse de los ataques que dichos países no musulmanes pudieran dirigir contra la tierra del Islam. Los que combatían en el Yihad eran soldados y aquéllos contra los que combatían también eran soldados. En ningún momento se habló de que los musulmanes pudieran matar a civiles inocentes en el transcurso del Yihad.

Así se señala en todos los textos de hadith y de sunna, tanto en Muslim como en Bukhari, en Tirmidi y Abu Daoud, pero especialmente en la Risala de Ibn Abi Zayd Al-Qayrawani, de rito maliki, que es el de la gran mayoría de los implicados en el 11-M. Véase al respecto el capítulo 30 de dicha obra, denominado El Yihad.

La perversión de los modernos fundamentalistas consiste en transponer esta necesidad medieval, y hoy prácticamente inaplicable, a una actividad terrorista dirigida contra civiles como si los civiles fueran soldados y sin hacer la triple llamada a la conversión al Islam que se hacía durante las guerras medievales. En este sentido, se recomienda leer los capítulos de la Bidaya de Averroes el Cordobés dedicados al mismo tema.

Ello significa que suicidarse en una línea del metro de Londres o lanzarse contra las torres gemelas de Nueva York o el Pentágono en Washington no es un acto de Yihad, pero gracias a la predicación y al fanatismo difundidos por algunos imames minoritarios, algunas personas, muchas de ellas bien formadas y en todo caso fanatizadas, han practicado y siguen practicando este tipo de Yihad.

B) Realización del falso Yihad

Curiosamente, los modernos fundamentalistas, una vez aceptado el sinsentido que se recoge en el apartado A, son extraordinariamente cuidadosos en seguir todas las normas que se preveían para el Yihad medieval. El objetivo es cumplir con el rito para, una vez muertos, acceder al Paraíso por toda la eternidad. Los asesinos obvian la norma general musulmana de que no se puede asesinar a inocentes ni suicidarse. No es lo mismo suicidarse que recibir una lanzada del contrario en una batalla.

Una vez aceptada esta idea, cumplen al pie de la letra todas las disposiciones menores que describen a una determinada actividad como Yihad. En primer lugar, se purifican mediante un procedimiento que se llama tatahhur y que implica que no se pueden cometer pecados desde que se decide la realización del acto de Yihad hasta que éste se realiza. Ahora bien, los supuestos autores del 11-M, y concretamente el denominado El Chino, se enfrenta en una lucha a tiros con otro delincuente en una taberna de Bilbao a finales del mes de diciembre de 2003, es decir, cuando ya debía estar en pleno período de tatahhur, si habían decidido la fecha del 11 de marzo para realizar el ataque.

La purificación o tatahhur se emplea en muchos aspectos de la vida musulmana. Por ejemplo, hay una forma de tatahhur que se llama ihsan, que se practica durante la peregrinación a La Meca y por la que el hombre no se acerca a su esposa hasta que termine la peregrinación. Algunos extienden la práctica al Ramadán, como se señala en la sura de La Vaca, número 2, versículos 181 y siguientes, para no acercarse a la mujer durante el mes sagrado o al mismo yihad, regulado en el capítulo noveno del Corán, versículos 29 y siguientes. Esto es exactamente lo contrario de lo que hicieron los acusados y condenados por los atentados del 11-M.

Otros elementos del tatahhur son, por ejemplo, no robar o no cometer actos impuros, y vemos que los implicados en el 11-M seguían vendiendo tranquilamente objetos robados y manteniendo relaciones sexuales con infieles con las que no estaban legalmente casados según la Sharía.

Además del tatahhur, la realización de un acto de Yihad necesita la shura, que significa el consejo, es decir, que no cabe organizar un acto terrorista en un bar ante unas copas de alcohol, como parece desprenderse de las declaraciones de algunos testigos. La shura es un acto formal, que se inicia con la lectura de la fatiha, primer capítulo del Corán, y que consta de unos procedimientos establecidos y una votación concreta, como está recogido en el frontispicio de la sala de sesiones del Parlamento palestino en Ramallah, donde dice que "las decisiones que toméis, las haréis entre vosotros en shura".

El istishhad o sacrificio implica la muerte en el mismo acto de la batalla. No cabe que los yihadistas escapen del teatro de la guerra, y de hecho no lo hicieron ni en Nueva York, ni en Londres, ni en ninguna de las acciones terroristas que se conocen en el Irak y en Arabia Saudí. Sostener que los yihadistas se van a un piso que tienen en Leganés y se suicidan allí es como decir que, después de haber hecho tantos esfuerzos y de haber asesinado a tantas personas, no les importa ir al Infierno, porque este extremo (el de que los simples suicidas van al Infierno) sí que está recogido incluso en el fundamentalismo más radical.

En la Risala llamada Al Muntasar, que significa El Victorioso, de Khalil Ibn Ishaq, se indica claramente que para acceder al Paraíso es preciso morir en combate y que la huida del campo de batalla es un pecado muy grave, condenado con el Infierno. De nuevo al contrario de lo que hicieron los acusados por el 11-M.

Aún admitiendo que los musulmanes hubieran decidido suicidarse en Leganés por algún acto de locura colectiva, se habrían preparado para la muerte, que quiere decir el afeitado total del cuerpo y vestir alguna ropa interior blanca, como llevan todos los terroristas del Irak. Y resulta que, por lo que hemos leído, ninguno de los cadáveres encontrados en Leganés iba vestido de tal manera.

El intiqam significa la venganza, pero la venganza sólo es de Dios. Un fundamentalista en estado de tatahhur no puede vengarse de nadie, por lo que no se explica que nadie abriera la tumba del geo que murió durante el asalto al piso de Leganés para vengarse de su cuerpo. ¿Qué razón habría para vengarse profanando el cadáver del geo Torronteras? Esa venganza sólo tendría sentido si hubiera hecho algo malo, pero si eran los habitantes del piso los que se suicidaron, ese miembro del geo no tendría ninguna culpa. Además, los actos de profanación también son considerados bárbaros y execrables según el Islam.

La venganza está permitida cuando alguien ha hecho daño a un miembro de la propia familia, no por una razón religiosa general, como está en la Muwatta de Malik, pero siempre sobre alguien vivo, no sobre un cadáver, y sólo en caso de que el delincuente hubiera de pagar en razón de diyya o compensación jurídica. Por tanto, la profanación de la tumba del geo no tiene ningún sentido desde el punto de vista del Islam, ni siquiera en su vertiente más fundamentalista.

C) Una conclusión inevitable

Ni uno sólo de los comportamientos de los musulmanes que habrían intervenido en los atentados del 11-M muestra el más mínimo rasgo fundamentalista. Sí muestra rasgos de delincuencia común, por lo que estimo que la gran mayoría de los musulmanes españoles no creen que los asesinatos del 11 de marzo fueran un complot de carácter fundamentalista.

Ello no quiere decir que no hayan podido intervenir musulmanes, pero no como musulmanes, sino como delincuentes, y lo que tememos se ha pretendido es echar sobre los musulmanes, como tales, la culpabilidad de los atentados del 11 de marzo, quizá para desviar la atención de una línea de investigación que señalaba importantes dudas sobre los autores tanto intelectuales como materiales.

Pretender que una persona con limitaciones mentales importantes, como es el llamado El Egipcio, pueda ser el autor intelectual de los atentados, cuando su propia situación de salud le prohibe, a tenor de la Sharía, participar en la shura, es un sinsentido, que incluso los más partidarios de la teoría islamista del 11-M estimo que no pueden creer ni asumir sinceramente.

D) Un deber ineludible

Fomentar la cultura del miedo hacia el Islam y hacia los musulmanes es una estrategia equivocada, porque hace imposible la convivencia de los musulmanes y los demás ciudadanos, al responsabilizar al Islam en su conjunto de un fenómeno terrorista del que sólo son responsables los propios terroristas y quienes los defiendan.

No es competencia de los musulmanes asociarse a una u otra teoría sobre los terribles ataques terroristas del 11-M, pero tampoco pueden los musulmanes guardar silencio sin defender a Dios y a sus profetas, cuando resulta evidente que, quizá para ocultar otras realidades, se pretende arrojar sobre ellos responsabilidades que ni siquiera la sentencia les atribuye de forma directa.

Las penurias de la inmigración, como las dificultades económicas, pueden sin duda conducir en ocasiones al delito y a la criminalidad, pero nunca a la violación de la Ley de Dios de forma tan directa como lo habrían hecho los acusados del 11-M si verdaderamente ellos, y solamente ellos, hubieran llevado a cabo los atentados.

Por lo tanto, se cumple aquí con un deber ineludible y nada más, y Dios es más sabio que todos y al final desvelará todo lo que hoy día está velado.

Aprovecho, finalmente, la ocasión para felicitar a todos los musulmanes de España por la fiesta del Adha, que tiene lugar estos días.

Jesús Riosalido es doctor en Derecho Islámico.

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