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Joan Font Rosselló

El "diálogo" de la izquierda

Hace unos años, los abertzales de HB reclamaban “negociación” (entre ETA y el Estado) y ya entonces se hacían pasar por los únicos que querían una “paz verdadera”. El cinismo abertzale no terminaba ahí: tampoco aceptaban la democracia española, que no era “real”, y abogaban por una verdadera democracia, la “democracia del pueblo”. Con el paso de los años, y con su progresivo desalojo del poder, toda la izquierda española ha heredado, sin más, el imaginario batasuno: sólo que en vez de negociación, ahora lo llaman diálogo, pero que es lo mismo. Hay que reconocer, al menos, que los batasunos no engañaban a nadie. Negociación significa obtener contrapartidas a cambio de otras, transacción pura y dura (yo te doy, tú me das). Diálogo significa otra cosa muy distinta. De entrada, implica igualdad interpares, lo que excluye de antemano cualquier posición de fuerza (en base al terrorismo) de cualesquiera de los dos interlocutores, cosa imposible cuando uno se sienta a hablar con un terrorista.
 
Han tenido que pasar ocho años de oposición socialista para que toda la izquierda adoptara definitivamente el discurso superestructuralista (Quintanilla Navarro) de los abertzales. Discurso disimulado a base de pervertir y apropiarse del lenguaje demoliberal, que ya advertía Hayek en Camino de Servidumbre. Hayek sostenía que si las tesis socialistas habían persuadido a tantos, se debía a la perversión del lenguaje de su propaganda, al utilizar viejas palabras (como libertad, justicia, igualdad) para vaciarlas de su significado original, pasando a significar conceptos incluso contrapuestos de los originales. Lo mismo ha pasado con la palabra diálogo, término degradado en boca de la izquierda y nacionalistas.
 
La degradación terminológica sirve como instrumento para justificar lo injustificable, pero la gente, que no es tonta, acaba percibiendo la jugarreta. Como percible también como el catecismo y la estrategia nacionalista ha calado hondo en toda la izquierda: culpar a los demás de tus propios errores (Asamblea de Madrid, Carod), búsqueda patológica de un enemigo común (PP), superestructuralismo, fobia antiamericana, fobia/mala conciencia de ser españoles, creación de un mundo virtual donde lo sacrosanto (lengua, territorio, democracia, paz) “está en peligro” para erigirse en los salvapatrias de turno, discursos a la carta con objeto de medrar en todas partes sin mojarse en ninguna, etc, etc.. Muestras que ponen de manifiesto de hasta donde ha llegado la miseria ética, política, moral e intelectual de ZP y satélites.
 
Esta perversión y posterior apropiación indebida de la izquierda de conceptos como diálogo o libertad es la que dificulta cualquier debate racional entre unos y otros, al utilizarse el mismo lenguaje para referirse a conceptos ya no distintos, sino a veces incluso contrapuestos. Las consecuencias son nefastas. Ocurre incluso que la destrucción de la libertad (País Vasco, inmersión lingüística, etc..) se haga en nombre de otra “libertad” (que sólo la refinada intelligentsia de izquierdas comprehende), contraria a la libertad originaria (liberal e individual), que sí todo el mundo entiende (Hayek). Cada vez somos más los que nos percatamos que detrás del sonsonete izquierdista de “diálogo”+”libertad”+”identidad”+”crispación” sólo se oculta la impotencia de los que, por primera vez en la historia de España, ya no pueden manipular a su antojo a todos los demás.
 
Joan Font Rosselló, diputado autómico del PP en el Parlament de les Illes Baleares. También es autor del libro “Jaque a la progrefarsa” y articulista del diario El Mundo-El Día de Baleares.

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