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¡Arriolad las velas!

Finalmente, hemos dejado atrás el cabo de buena Esperanza y las últimas gaviotas han regresado ya a tierra firme. La calma reina en el barco.

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Diario de o borde

29 de mayo, V año de la derrota

Finalmente, hemos dejado atrás el cabo de buena Esperanza y las últimas gaviotas han regresado ya a tierra firme. La calma reina en el barco. Si no hay imprevistos búlgaros, llegaremos a la fosa de las Marianas en junio. Mis informes aseguran que es el lugar más profundo del mundo, así que no hay peligro de cantos de sirena.

Hoy he mandado pintar sobre el nombre del barco. Ya no se llamará más Enjoy yourself. A partir de hoy, el Rajoy yourself surcará los grados. Además, he hecho retirar la bandera de las gaviotas, manchada con guano de las ídem. Como no podré decir por tiempo indefinido que está en la lavandería, les he pedido a los hermanos Fernández y Fernández que tejan una nueva y, todo sea dicho, han cumplido con su cometido. Sobre fondo negro, un puro blanco se cruza con un hombre durmiendo y muchas zetas saliendo de su poblada barba. De fondo, una acacia. Es una genialidad. Son buenos estos hermanos Fernández y Fernández. Es más, diría que son buenos.

Para consolidar mi poder entre la tripulación, me he quedado en la mitad de la escalera que va de cubierta al timón, de modo que nadie sepa si subo o bajo la escalera, pero he tropezado y, al caer, me he tragado el puro, aunque a nadie le ha hecho gracia. Ya repuesto, con una tiza que me regaló Rodríguez en mi antepenúltima visita a la Moncloa, he marcado el centro de la nave y, sobre ese punto, hemos construido entre todos algo que recuerda mucho a los famosos castellers. El objetivo era encontrar el equilibrio perfecto y vivo yo que lo íbamos a lograr, cuando una gaviota rezagada ha soltado un regalito y, cual mariposa del caos, ha roto la correlación de fuerzas. Además, ha dejado caer un segundo regalo sobre la recién tejida bandera de los hermanos Fernández y Fernández, que ha sido repuesta poco después por otra gracias a las artes de Nada Nádez de Nadería.

También he revisado nuestro armamento pesado. Dos cañones donados por el Castillo de Montjuïch en marzo en sesión solemne presidida por el molt honorable bachiller. Con esa tecnología de nuevas generaciones, podré defender el Rajoy yourself (quizá en mi diario debería llamarlo Rajoy myself) de los ataques de los piratas, frecuentes, por lo que me gallardonean al oído, cuando uno toma la ruta de las Marianas. De toda la piratería que asola esta travesía tan dura, la peor es, según los entendidos, la de los bucaneros Peter Jey y Ef Jey El, al servicio de su majestad la reina Queen. Si la fuerza disuasoria de mis cañones de Montjuïch no funciona, recurriré, entonces, a una estrategia infalible. Con mi voz poderosa, gritaré:

– ¡Arriolad las velas!

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