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Ciérrame lo que quieras

La España actual es fea e innoble, ciertamente, como lo era cuando el tongo de la central de Lemóniz. El simpático vecino nos recuerda nuestro verdadero ser, que no es otro que el de colonia voluntarista y sumisa.

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El mundo es una marea de signos y símbolos, acurrucados en el oleaje a la espera de que nos los apropiemos o, al menos, les demos una interpretación. Un buen pescador de símbolos lo fue Papini, con esa inteligencia del converso que ha sabido perdonarse por lo que se hizo a sí mismo. En su impresionante Historia de Cristo, cada línea es decisiva:
Nuestro enemigo es también nuestro salvador. Debemos estar todos los días reconocidos a los enemigos. Ellos solos ven claro y dicen sin fingimiento lo que en nosotros hay de feo e innoble. Nos recuerdan nuestro verdadero ser; despiertan la conciencia de nuestra pobreza moral, principio esencial del segundo nacimiento.
Hay signos y símbolos en todos los ámbitos, desde la política energética hasta el intrascendente, pero no menos metafórico mundo del deporte. ¿Por qué a un suizo se le admira en Roland Garros y a un español se le abuchea? En España, seguimos jugando a creernos lo del chovinismo galo, por esa actitud tan nuestra de no querer ver las cosas como son, pero no es más que complejo de superioridad, actitud de quien se sabe metrópolis. "A los franceses les molesta el triunfo de un español. Cuando está entrenando, Rafa es uno de los jugadores que concita más expectación, pero cuando juega lo que quieren es que pierda. Basar la felicidad en la derrota de otro me parece una mala filosofía", asegura el entrenador de Nadal. Sí, es otra forma de decirlo.

La España actual es fea e innoble, ciertamente, como lo era cuando el tongo de la central de Lemóniz. Con la moratoria nuclear, los planes de trasvase del Ródano y otros asuntos que mejor no mencionar, el simpático vecino nos recuerda nuestro verdadero ser, que no es otro que el de colonia voluntarista y sumisa. Así, si somos inteligentes, le estaremos muy agradecidos por despertar la conciencia de nuestra pobreza moral, sobre todo cuando vivimos rodeados de una masa de compatriotas sumidos en la desmemoria histórica. De ahí que la sarkosilla, otro símbolo poderoso, nos haya permitido sentarnos a descifrar el verdadero mensaje que nuestro amadísimo líder le hizo llegar al emperador, que no es otro que un ciérrame lo que quieras. Habrá que ver si al vecino le interesa llevar el estrangulamiento hasta el final o, por miedo a un colapso definitivo, nos permite producir con alguna posibilidad de ser competitivos.

Y no sería justo terminar esta modesta disertación sobre los símbolos sin recomendar la visita a este enlace. Préstese atención a la fecha en la que el protagonista se decide a dar a conocer tan trascendental decisión. A eso se le llama fumar la pipa de la paz.

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