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Michael Moore frente al PSC

También había pensado que fueras a la Moncloa y que, con tu habitual desfachatez, pidieras cita con el presidente para preguntarle si, en nombre del PSOE, nos va a pedir perdón a todos los españoles.

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Michael, estoy muy decepcionado contigo. Esperaba, al menos, una respuesta. Sí, sé que los 120 millones de dólares recaudados con tu Fahrenheit 9/11 no te animan a cruzar el charco y a dejarte caer por la caótica Barcelona, en la que Woody ya no filmará más, pero hay que mostrar más educación. Y no me iba a dirigir a Al Gore, con sus ecoganancias de 70 millones de euros en siete años. Te necesitaba a ti. Que nos filmaras Una Verdad Incómoda II para el público español, en emisión digital, en este primer año de la Memoria Histórica que tanto ansiábamos. Te necesitaba a ti, que ibas a ser agasajado por los mandamenos del Ajuntament como si fueras un Mister Marshall con los bolsillos repletos de verdades y revelaciones, al menos hasta que conocieran el cometido de tu obra.

La idea era sencilla. Tú te ibas a acercar a varias sedes del PSC en Barcelona, pero todo legal, sin esos trucos que sueles utilizar en tus documentales y que te han pescado en el libro Michael Moore es un gordo blanco y estúpido. No, éste iba a ser un ejercicio de Memoria Histórica como Z manda, para empezar 2008 con esperanza. Situarías tu oronda figura frente a sedes del PSC y, cuando los camaradas y las camaradas salieran o entraran, los abordarías con pasquines, cuya autoría ellos tendrían que adivinar:

Mi partido está en la legalidad mientras ésta le permita adquirir lo que necesita; fuera cuando ella no le permita alcanzar sus aspiraciones (...) nosotros hemos llegado al extremo de considerar que antes de que S.S. suba al Poder debemos ir hasta el atentado personal.

El zoom y los primerísimos primeros planos darían dramatismo a las respuestas, que apostarían, sin lugar a dudas, por Hitler, Bush o Aznar. Harías tus habituales pausas y, entonces, les anunciarías que, en realidad, corresponden al fundador del PSOE, Pablo Iglesias, un siete de julio de 1910. Para mantener la coherencia argumental, seguiríamos con la obsesión por evitar la legalidad. A ver, camarada Llopis, ¿quién pronunció estas palabras en un frío noviembre de 1933?

"Vamos, repito, hacia la revolución social... mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad." Las mismas respuestas: Bush, Hitler, Aznar. No, fue Largo Caballero, dirigente histórico del PSOE y de la UGT, el de la estatua en Nuevos Ministerios. ¿Y esto? "La violencia contra el jefe del partido monárquico (Calvo Sotelo) no sería un delito." No, no, nada de Hitler; Ángel Galarza, diputado socialista y posteriormente ministro de Gobernación, un 16 de junio de 1936. ¿Y esto?:"Éste es tu último discurso." Para nada Al Capone; fue la homenajeada Pasionaria a José Calvo Sotelo, un 11 de julio de 1936, dos días antes de que fuera asesinadopor miembros de la Guardia de Asalto y de las Juventudes Socialistas.

También había pensado que fueras a la Moncloa y que, con tu habitual desfachatez, pidieras cita con el presidente para preguntarle si, en nombre del PSOE, nos va a pedir perdón a todos los españoles. Recuérdale que no tiene que nombrar a la banda terrorista ETA.

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