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Se podría pedir la dimisión de Rajoy por su segundo fracaso, pero, a estas alturas, poco importa si sigue o si se marcha. El PP no volverá a gobernar sin la verdad del 11-M y, si lo hace, será en una España de 34 millones de habitantes.

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La oligarquía catalana ha vuelto a ganar las elecciones generales, pero al personaje más nefasto que ha dado España en el siglo XX se le acaba el tiempo. El ideólogo del Tinell, el usurpador del voto charnego, el creador de Rodríguez pronto dejará de recordar su gesta y se unirá, en un dulce olvido, al vacío de sus víctimas felices. A pesar de su ausencia, la obra colonialista, encargada por los oligarcas catalanes, seguirá imparable el camino sellado por dos conocidos terroristas en aquella ciudad francesa que visitaban, hace tres décadas, los españoles sedientos de pornografía.

Tres fases parece tener este Tinell que todo lo abarca:

a)     Desalojo del poder y criminalización del PP.

b)     Hegemonía del PSC a través de la marca PSOE.

c)      Aplicación directa o indirecta de la doctrina Kosovo.

Con los resultados del 9-M, se puede dar por concluida la segunda fase. En la primera, tras desalojar al PP del poder, el tinellismo devoró a uno de sus hijos y convirtió a CiU en un partido bisagra sin puertas ni marcos, refugio del catalanismo intrascendente que desprecia profundamente a la charnegada. Consolidado el Tripartit, prosiguió la campaña a través del camarada Llamazares, que cumplió su misión y alejó para siempre el fantasma de la pinza anguitista mediante la jibarización del comunismo. Paralelamente, el tinellismo destronó a Prisa y aupó a Mediapro. La guerra entre aliados le asegura un poder mediático sin parangón en la historia de España. La segunda fase ha sido la del fortalecimiento definitivo del PSC, que, en el 35 Congreso Federal del PSOE, inició el asalto al Partido con un virus troyano con apariencia de bobo.

La tercera fase comienza con unos números excelentes. El PSC aporta 25 diputados directos, más tres de ERC. Carod, en su papel de prestamista, ha ejercido de Àngel Colom para atemperar un radicalismo que podría haber entorpecido el curso natural de los acontecimientos. Pero el mayor éxito del tinellismo radica en la domesticación definitiva de la charnegada. Porque la victoria socialista no la ha facilitado "Cataluña", como afirmaba el director de El Periódico la noche electoral, sino el cinturón industrial de Barcelona. Y ya, en menor medida, la ETA, con su previsible 11-M bis, y el trasvase de voto separatista vascocatalán, que espera impaciente a que la doctrina Kosovo le devuelva las nueces con intereses. Mientras tanto, cientos de miles de jóvenes y de inmigrantes se incorporarán a la lista de ciudadanos con derecho al voto en las próximas generales. Ésa será la tercera y última fase del tinellismo; la separación, indirecta o de facto, como metrópolis, de la colonia.

Dicho de otra manera, cuando los nuevos tratados internacionales han hecho insostenible el proteccionismo catalán sobre el corralito, la oligarquía colonialista ha optado por el librecambismo. Ahí es cuando surge el embrión del Tinell: "Mientras las ventas de Cataluña al resto de España registraron una pérdida relativa sostenida (90% del comercio total de exportación en 1967 frente al 69% en 1994), las exportaciones al extranjero se duplicaron entre 1994 y 2000."

Los análisis marxistoides de derechas confían en que la crisis económica tumbe al desgobierno de Rodríguez en no más de dos años. Pero han olvidado lo que sucedió en España entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, en plena bonanza económica. ¿Acaso ignoran que media España vota con el prejuicio y con el televisor encendido, que es el que le dice cómo está su bolsillo, aunque lo note vacío? Los tempos están calculados y es precisamente en un río revuelto donde hay más ganancia de pescadores oligarcas, no en una situación de prosperidad y estabilidad. No hay que confundir las causas con las consecuencias, don Mariano, y menos en un régimen como el nuestro, más parecido ya a la Rusia de Putin que a una democracia occidental. Los partidos los ganan delanteros con imaginación, no los que esperan el fallo de una defensa protegida por los comités. Y, aquí, de lo que se trata, en última instancia, es del saqueo de la clase media española antes de soltarle ese adéu definitivo que ya anunció el abuelo del tinellista.

Se podría pedir la dimisión de Rajoy por su segundo fracaso, pero, a estas alturas, poco importa si sigue o si se marcha. El PP no volverá a gobernar sin la verdad del 11-M y, si lo hace, será en una España de 34 millones de habitantes. Porque es en el Tinell con olor a Perpiñán donde empieza la cuenta atrás. A España sólo le queda una salida y es el conocimiento de la cruda verdad. Como en el proverbio chino: "la mentira produce flores, pero no frutos". Los frutos sólo volverán a brotar si se muestran los nombres, apellidos, actas, cuentas, pactos y estrategias. Eso es el 11-M. Rostros. El 11-M tiene rostros. Tiene ojos. Lo demás son flores que se marchitan. Hambre para nuestros hijos.

Para quienes esperan una reacción del pueblo español ante futuras crisis, pero sin recurrir a la verdad y a una verdadera catarsis, sería muy útil repasar las andanzas del señor Lesseps. 20.000 vidas costó la construcción del canal de Panamá en la etapa francesa, y la ruina a cámara lenta de la clase media y del prestigio de Francia en el mundo. Un endiosado Lesseps había despreciado al barón Godin de Lépinay, quien advirtió del desastre si proseguía en el empeño de construir el canal al nivel del mar y no con esclusas. "No habrá suficientes árboles en el istmo para hacer cruces para las tumbas de sus trabajadores", le dijo un residente francés a Lesseps en una de sus visitas a Panamá. "Disfruto del privilegio de ser creído sin tener que probar lo que uno afirma", fue la respuesta Lesseps a lo largo del tiempo.

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