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¿Qué pasó en el 36 Congreso del PSOE?

Quizá para evitar odiosas comparaciones, la página del 36 Congreso no está ni tan siquiera en la memoria caché de Google.

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El virus de la desmemoria histórica sigue cobrándose víctimas en las filas de la izquierda. Esta vez, se trata de Rosa Díez, quien, a duras penas, recuerda en sus entrevistas aquel fatídico 23 de julio de 2000, cuando José Luís Rodríguez se hizo con la Secretaría General del PSOE. La candidatura de Rosa, diseñada entonces con el único fin de erosionar las posibilidades de José Bono, sería decisiva en la victoria del ala catalanista-leonesa. Matilde Fernández, por su parte, confirmaría el fracaso definitivo del guerrismo, que optó por el caos maragalliano como mal mayor, sin que todavía se haya disculpado por ello. Ese Congreso, en un nuevo ataque de desmemoria histórica, es el último del que podemos encontrar documentación completa en Internet.

El 35 Congreso Federal del PSOE supuso un cierto ejercicio de autocrítica sobre imagen y organización interna, si bien los episodios más oscuros continuaron justificados y Pablo Iglesias recibió los elogios de un Rodríguez eufórico. Además, se remarcaron las líneas que serían visibles entre el 11 y el 14M, dos verdaderas obsesiones en el Congreso Federal: por un lado, la necesidad de movilizar al "electorado más joven" y, por otro, la incapacidad asumida "para adaptarse a las condiciones de trabajo en la oposición".

Es, sin embargo, la Declaración política sobre terrorismo el apartado más sonrojante. En ella, se observan los inevitables tics del imaginario progre, que sigue relativizando ciertos asesinatos según la coyuntura: "(...) han perdido la vida o la han visto definitivamente marcada por la acción de un grupo asesino que, perdida hace mucho tiempo toda justificación política, se ha degradado definitivamente".

En 2000, el PSOE no dudaba en definir la tregua de la ETA como medio de la banda terrorista para reorganizarse y para "involucrar en su estrategia al nacionalismo vasco, para debilitar al Estado", y aseguraba que se negaba a "cualquier negociación política con los terroristas". Finalmente, señalaba a sus actuales compañeros de aventura política: "de esta situación de crisis son responsables principales los partidos nacionalistas vascos" Y, como si de una auto-profecía se tratara, acusaba al Gobierno de Aznar de haber "confundido el papel que le corresponde en nombre de todos los españoles y las actitudes o posiciones que pueda adoptar el PP como partido político", para rematar la declaración con el siguiente mensaje a los terroristas: que "pierdan la confianza en que, si dejan de matar, los ciudadanos libres renunciaremos a nuestras convicciones". Hablamos del 23 de julio de 2000, Rosa.

Lo interesante habría sido comparar las declaraciones sobre terrorismo del 35 y 36 Congreso, pero es bastante complicado. La página web del 36 Congreso ha sido desactivada y, en la del PSOE, al tratar de abrir las resoluciones, un aviso lacónico notifica la imposibilidad de acceder a los archivos pdf, por lo que hay que adentrarse en submenús engorrosos. Quizá para evitar odiosas comparaciones, la página del 36 Congreso no está ni tan siquiera en la memoria caché de Google. Ahora resulta que Pepiño conocía el famoso proverbio inglés: "Cuando apuntas con el dedo, recuerda que tres dedos te señalan a ti."

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