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Seamos cobras

Los ciudadanos podemos convertirnos en cobras ahora mismo y derrotar al logotipo de la serpiente enroscada. Es tan sencillo como no comprar portadas protagonizadas por la ETA.

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Un empleado de una cadena de tiendas de electrodomésticos me explicaba hace poco el secreto del éxito: bajar los precios de los productos hasta el límite y ofrecer toda una gama de garantías a uno, dos y tres años. La cadena vive sobre todo de las garantías, que los consumidores compran masivamente porque temen que los productos se estropeen antes de su ciclo natural.

Nada más enterarme del atentado de Burgos, recordé esa conversación. Como siempre, tras el asesinato terrorista de turno, los medios de comunicación inician el bombardeo de noticias, los políticos lanzan sus condenas y se ponen en marcha los mecanismos sicológicos de unidad grupal ante el peligro. Mediatizado el peligro, la oferta de seguridad se ofrece ya en bandeja. Y pocos los que se niegan a comprarla, porque el precio de esta democracia es tan bajo, que hasta el más inocente sospecha que las cosas no cuadran. Y ya parece evidente que el terrorismo en España asesina para hacerse con el discurso, aunque lo decisivo en su proceder es convertir la noticia en un fin. Porque protagonizar la noticia no es un medio para alcanzar un resultado, sino un fin. La finalidad está en hacerse con la portada del periódico y con el titular del telediario. A partir de ahí, los rituales de unos y otros se repiten, década tras década, necesariamente.

La ciudadanía asiste asqueada a esta rutina sangrienta de medio siglo y algunos incluso se preguntan qué hay detrás de este gigantesco tongo. El ciudadano se siente impotente, asqueado. Pero hay formas de vencer, incluso desde la más absoluta debilidad física e intelectual, o precisamente por eso. Los ciudadanos podemos convertirnos en cobras ahora mismo y derrotar al logotipo de la serpiente enroscada. Es tan sencillo como no comprar portadas protagonizadas por la ETA. Porque es evidente que la mayoría de medios sigue sus rutinas profesionales y ofrece noticias previsibles, pero no tiene ningún sentido recompensar a unos asesinos y menos con el botín que buscan. El mismo argumento sirve para los que consumimos las noticias.

Si la serpiente va a seguir enroscada en el hacha por otras cinco décadas, convirtámonos en cobras. Despachemos como máximo en un breve los asesinatos de ese tongo llamado ETA. Enterremos a nuestros muertos con honores, mimemos a las víctimas del terrorismo, fortalezcamos los valores democráticos, luchemos para que se cumpla la ley, pero no regalemos ni un píxel más a quienes nos asesinan para hacerse con la portada, con nuestros ojos. Es una opción que requiere frialdad, astucia y compromiso, pero el ostracismo mediático es el camino seguro de la derrota de quienes han hecho del medio aparente un fin exitoso.

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