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Tonto el que lo lea

El helicóptero de la Fed era necesario para promover el despilfarro, que es el generador de la necesidad de ahorro, que a su vez será canalizado a través de tasas ecológicas y subvenciones a las llamadas energías alternativas.

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Hay un tiempo para morir y un tiempo para vivir. Como hay un tiempo para retroceder y un tiempo para avanzar. El mundo, desde la sedentarización de los cazadores y recolectores, ha asistido a una lucha absurda entre civilizaciones temporales y civilizaciones espaciales. Absurda, no por la lucha en sí, sino porque las civilizaciones espaciales nunca han tenido ninguna oportunidad de vencer. Cuando el instinto humano de emancipación encuentra el caldo de cultivo adecuado, se desatan procesos imparables, en los que, como diría Hölderlin, lo natural se vuelve ideal.

El proceso de conquista del tiempo se inicia cuando los grupos de cazadores y recolectores comienzan a cultivar la tierra. El recolector vive con cierta holgura gracias a unas cuatro horas de trabajo diarias. El agricultor, en cambio, se adentra en un mundo de penurias y malnutrición, de exposición a las inclemencias del tiempo, y sus raíces mentales no se hunden en la tierra, sino en lo temporal. Las estaciones, el clima y, de ahí, la hora, le obligan a maximizar los esfuerzos. Se inicia entonces la conquista del tiempo. Cuando el excedente posibilita el lujo y el mercado del lujo genera excedente a gran escala, la sociedad comienza a dominar el tiempo. Poco a poco, venciendo las barreras de la religiosidad, que es espacial por naturaleza, se centra en la conquista del tiempo con la esperanza de nadar en el ocio. La maximización del esfuerzo acaba reportando beneficios en forma de un presunto tiempo libre. Se produce en esta fase un regreso paradójico a la placidez de la etapa de los recolectores, pero el poder tecnológico imposibilita una vuelta atrás: ahí es cuando el matriarcado asienta su dominio. La conquista del tiempo termina por implicar la jibarización progresiva del mercado laboral, lo que provoca el fin de la política entendida, probablemente en términos marxistas, como la escenificación del conflicto entre perjudicados y beneficiados, ya que el bipartidismo se vuelve artificioso, hasta caer en una corrupción desbocada y en el fomento del clientelismo, con el objetivo de ralentizar el proceso de atomización social que sufre todo grupo humano sin nada que hacer y en una dinámica de emancipación. Las semillas para una revolución comienzan a brotar en ese contexto.

Cuando una civilización se apropia del tiempo, surge otra que luchará por extenderse en el espacio abandonado por la primera. Conquistar el tiempo significa renunciar al espacio. La civilización temporal es talasocrática y contempla el espacio sólo como dos puntos: el de carga y el de venta del producto, siendo el trayecto y los obstáculos los enemigos a batir. El carácter de la civilización temporal es reduccionista; el de la espacial, expansionista. Pero la civilización espacial, al construir su identidad en función de la temporal, a la que desea destruir por considerla deshumanizada, adopta el uso de la tecnología de su enemigo. Los ortodoxos espaciales lo consideran un medio para alcanzar el fin soñado, pero acaban plantando la semilla de su propia destrucción. Así, cuando el régimen iraní aspira a la capacidad de lanzar misiles de largo alcance con cargas nucleares, está empezando a adueñarse del tiempo y a reducir el espacio. Cuando la franquicia iraní Hamás fue abandonada en Gaza a su suerte por todos los países musulmanes, se le dejó claro a Teherán que, de momento, no van con ellos en su viaje en busca del dominio del tiempo.

Llegados a este punto, cabe preguntarse cómo evolucionan las sociedades temporales. Las lecciones de la historia impiden asumir la desaparición de las grandes civilizaciones temporales, pues nunca están integradas por un sólo grupo y lo que las caracteriza es la transversalidad y su existencia en forma de valores, que viajan e hibernan cuando es necesario. Decaen, evolucionan, inspiran... por eso, para describir la evolución, optaría por las grandes revoluciones acontecidas, entendidas éstas desde el prisma de Barzun; es decir, asumidas como un proceso ligado a la emancipación y no a la libertad.

La última revolución acontecida en el mundo occidental, que es el que encarna todavía a la civilización temporal predominante, ha sido la Revolución Verde, escenificada a lo largo de 2008. A partir de un trabajo previo de adoctrinamiento, impulso de cambios de hábitos de consumo y, sobre todo, a través de la última fase de reducción del tiempo mediante internet, se han impuesto los hechos consumados. El New Deal obamita no es más que la demostración de la victoria por parte de los líderes de la Revolución. Las dos últimas décadas de la Fed no han sido más que políticas para, en última instancia, capitalizar a China con el objetivo de que reconstruya su gigantesca Flota del Tesoro y extienda la civilización temporal a toda Asia y parte de África para asegurar la sostenibilidad de la Revolución Verde.

Tras toda revolución, se impone una moral más coercitiva que la anterior. El helicóptero de la Fed era necesario para promover el despilfarro, que es el generador de la necesidad de ahorro, que a su vez será canalizado a través de tasas ecológicas y subvenciones a las llamadas energías alternativas, una forma típicamente postrevolucionaria de transferir fondos públicos a manos privadas, pero, para ello, será necesario disciplinar a la ciudadanía en las costumbres morales (el consumo desbocado de la prostitución, por poner un ejemplo español, ya ha comenzado a ser cuestionado, pero sólo tras el pistoletazo de la crisis). Sí, la Revolución Verde ha triunfado, a pesar de las victorias de los Bush en sus guerras del petróleo y de las de su títere local de Caracas. Los magnates del petróleo y todo el estamento asociado se han convertido en dinosaurios con los días contados, porque una nueva generación de revolucionarios se ha hecho con el poder, es decir, con los derechos sobre el sol y el viento. Y, como establece Kantor en su análisis sobre la fracción militarizable de la riqueza y el dominio de la caballería mongol en el siglo XVI, "desde el punto de vista de la competencia geopolítica, el elemento económico fundamental no es la riqueza, sino la fracción de ésta que se puede desviar fácilmente hacia usos militares".

Por último, la civilización temporal se enfrenta a los dos desafíos de siempre: la presión de las sociedades espaciales y el aburrimiento. Es previsible que una parte de la masa que cobra en ocio y gasta en prostitución y abortos masivos retome a medio plazo la expresión del sentimiento religioso para llenar el vacío de su actual forma de vida, pero lo hará de forma reaccionaria, utilitaria, por lo que se agudizará la siempre necesaria polarización. En ese momento, es posible que, además, converjan con la presencia física de individuos provenientes de sociedades espaciales y dispuestos a luchar por el poder, lo que dará lugar a conflictos en "suelo temporal". Paralelamente, el desarollo exponencial de la tecnología acelerará la conquista del tiempo, que se escenificará con la llegada a Marte, y a la que se unirá de forma oficial toda Asia, que ya ha comenzado a conquistar el tiempo, así como un Irán inviable y en sus últimos estertores como sociedad espacial. Habrá que estar atentos, también, a cómo nos presenta Hollywood la conquista del planeta rojo. No sería descartable un guión con una misión internacional comandada por los Estados Unidos, cuyo presidente sería de origen asiático. Los signos están para anticiparlos...

Y en lo doméstico, poco hay que añadir, salvo el Real Decreto 436/2004, de 12 de marzo de 2004, por el que se establece la metodología para la actualización y sistematización del régimen jurídico y económico de la actividad de producción de energía eléctrica en régimen especial. Se pregunta mi admiradísimo Roberto Centeno, tras remarcar que el día después del atentado del 11M se aprobó dicho decreto, que "quién tenía tanta prisa por aprobar las subvenciones, que no podía esperar a que fuera al nuevo gobierno". Me imagino que se trata de una pregunta retórica.

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