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La calamidad, la suerte y la mala suerte

Hay que dar paso a un Gobierno que gestione sin generar constantemente problemas y cuyo interés sea superar la situación y no usar el Poder para recortar libertades.

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Hay que dar paso a un Gobierno que gestione sin generar constantemente problemas y cuyo interés sea superar la situación y no usar el Poder para recortar libertades.
Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados | EFE

Se habla de la suerte y muchas veces se confunde con otra cosa. Así, se dice: "Al saber le llaman suerte".

Hace años trabajaba en una mina. Cada fin de semana hacía guardia uno de los que estábamos en la cúpula directiva. Era sabido que cuando le tocaba hacer guardia a determinada persona ocurría alguna catástrofe, mientras que los demás fines de semana transcurrían sin mayores problemas.

El desafortunado se quejaba de su mala suerte. Alguien, en una reunión, se permitió explicar que no era suerte, que Napoleón escogía a sus generales por ciertas características, sabía que él tenía más que nadie.

Tener buena suerte, creo que los rifeños lo llaman baraka, es una característica de las personas que consiguen que no queden cuestiones sin resolver ante los problemas surgidos.

Yo sé que este Gobierno de España no es gafe, yo soy creyente, aunque no ejemplar, y sé que no hay gafes. Pero este Gobierno genera problemas en cada cosa que acomete. Ser gafe es ser un inútil o tener la desgracia de ser percibido como tal por los demás.

Este Gobierno no tiene suerte porque tiene otras prioridades, que se sustancian en dominar la opinión publicada, arruinar la libertad de expresión y doblegar al Poder Judicial, para que quienes han sido financiados ilegalmente, con el fruto del robo que cometen las narco-dictaduras, no se vean obligados a rendir cuentas por el expolio al que están sometiendo a sus sometidos. También se dedica a desprestigiar a las comunidades autónomas, a las que obstruyó cuando intentaron tomar medidas antes de las importantes macromanifestaciones de la causa contra los hombres.

En ese manejo de la opinión publicada, están empeñados en privar del derecho al duelo de las familias de los fallecidos, a los que se les negó una muerte digna.

Empezaron arrogándose la condición de ser los únicos que podían aprovisionar lo necesario para combatir la pandemia. Por ejemplo, secuestrando mascarillas que había comprado Andalucía y presentando ese éxito –en los telediarios de las televisiones a las que han pagado 15 millones de euros sin destinarlos a un fin concreto– como si el empresario asaltado fuera un delincuente. Consiguieron crear escasez de todo lo esencial y tener el mayor índice de contagio del personal sanitario del mundo. También el mayor número de personas fallecidas, por no hablar de las directrices con respecto a los ancianos en general y a los confinados en residencias en particular. Espero se determine si esas directrices son constitutivas del delito de genocidio, creo que sí, a juzgar por las declaraciones de algún personaje político, aunque admito mi ignorancia.

Han obstruido la realización de test secuestrando los de las empresas previsoras que querían cuidar a sus trabajadores, pero los políticos enchufados se los hacen a diario, me refiero a los políticos dueños de la opinión publicada. Es la ley del embudo: "Nosotros tenemos derecho a todo; los demás, todos iguales, sin derechos especiales, es decir, sin derecho a nada". No se hacen test y por ello no seguimos la senda de los países que combaten la pandemia con éxito, y al no confinar en esos países la catástrofe económica será infinitamente menor. Me refiero a Corea, Suecia, Taiwán, etc.

Estoy preocupado por la catástrofe que viene, sé que muchos pensarán que soy un alarmista, porque sólo se publican aplausos y 'el Parte', que era como se llamaban las noticias oficiales de obligada publicación en época del Caudillo. Todos los días dan el NO-DO, y así todos felices. Aparecen noticias del tipo: hoy sólo han muerto 223 personas con coronavirus, un 2% menos –o más– que ayer. Recuerdo catástrofes terroristas con menos muertos que los contabilizados cualquiera de los últimos treinta días, y eso que no cuentan a los fallecidos a los que no se les hicieron test.

He leído al eminente Dr. Barbacid quejarse de que cerraron los centros de investigación biomédica, no sé si por represalia a su independencia o por pura inutilidad del político que tomó esa decisión; también a los forenses patólogos de que no se hacen autopsias destinadas a la investigación de la enfermedad.

Para ser dueño de nosotros y alcanzar el poder sin controles, este Gobierno ha obviado al Legislativo y quiere obviar al Judicial con decretos que le atribuyen poderes inconstitucionales. Y no deja de hablar de la "nueva normalidad", pero las palabras no cambian los hechos: no quieren que volvamos a la normalidad y recurren a un recorte de libertades inadmisible, angustioso. Espero que no lo consigan. Hacen falta unas decenas de personas con dignidad: en Sodoma bastaban con diez justos para salvar la ciudad, en España hacen falta algunos más.

En resumen: no creo que este Gobierno sea gafe, ni siquiera sus asesores; insisto, no creo que existan los gafes, de lo contrario diría que sí lo son, a juzgar por las resultas. Creo que sólo son una mezcla de incapaces, egoístas, tiranos y personas dispuestas a que sólo hagan negocio sus amigos, y que el negocio que estos no abarquen no se haga, aunque se cree desabastecimiento de lo esencial. Este Gobierno es la calamidad que nos ha caído encima.

Creo que es hora de que un número suficiente de diputados, cuya dignidad sea para ellos importante, entiendan la situación y hagan una moción de censura, a fin de dar paso a un Gobierno que gestione sin generar constantemente problemas y cuyo interés sea superar la situación y no usar el Poder para enriquecer a amigos y cobistas y recortar nuestras libertades.


Joaquín Echeverría, padre de Joaquín Echeverría, el Héroe del Monopatín que fue asesinado el 3 de junio de 2017 por tratar de frustrar un ataque terrorista.

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