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John Stossel

El cielo no está cayendo sobre nuestras cabezas

Si queremos evitar alteraciones como la presente, será mejor que llevemos a cabo un examen integral de la intervención estatal en la economía. La libertad, y no el control, es el pasaporte hacia el éxito.

John Stossel
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"Crisis hipotecaria", brama el New York Times. El periódico ya ha usado la expresión "crisis de las hipotecas de riesgo" por lo menos 11 veces. Y no en las columnas de opinión, sino en sus páginas de información. Las columnas, de hecho, son peores. Paul Krugman escribe que "parece como si gran parte del sistema financiero se estuviera marchitando y debiera ser reconstruido".

La "crisis financiera", dice el editor jefe de la revista Fortune, "amenaza con llevarse por delante todo el sistema, con consecuencias calamitosas". Y cuando los apuros actuales no son "una crisis", entonces son "un desastre". Así los llama John McCain, mientras que Hillary Clinton prefiere la más modesta "crisis", y dice: "Este mercado está claramente averiado, y si no lo reparamos, podría amenazar nuestro mercado inmobiliario entero."

Espera un segundo. ¿Dónde está esta "crisis crediticia"? ¿Rechazó el supermercado su tarjeta Visa? Todavía veo anuncios publicitarios de la banca Ditech que ofrecen hipotecas a tipo fijo en torno al 5,5%. Es verdad que algunos prestamistas se están poniendo nerviosos según se desarrollan los acontecimientos. Algunos bancos de inversión y firmas de corretaje están aposentados sobre valores movedizos respaldados por el mercado hipotecario. Pero, ¿por qué llamar a eso "crisis"?

¿Acaso tenemos una tasa de desempleo del 25%, como la que sufrimos durante la Depresión? ¿Tenemos un índice de desempleo del 7,5%, o siquiera una inflación del 12% y unos tipos de interés del 20%, como padecimos durante la presidencia de Jimmy Carter? En los dos últimos meses se ha producido una pérdida de empleo, algo que llega después de años de contundente creación de puestos de trabajo (25 millones netos en los 15 últimos años). Al 5,1%, el nivel de paro, si nos atenemos a la historia, es bajo.

¿Estamos de verdad sufriendo una "crisis" de impagos hipotecarios? No. El estudio del cuarto trimestre del 2007 realizado por la Asociación de Bancas Hipotecarias sostiene que las ejecuciones alcanzaron el 2,04% de todas las hipotecas. Muchas de ellas eran de especuladores en busca de beneficios provenientes del boom, no de propietarios que pierden la casa de sus sueños. Durante ese trimestre, sólo el 0,83% de las viviendas entró en proceso de ejecución. En marzo la cosa podría empeorar ("las órdenes de desahucio, los avisos de impago, los avisos de venta en subasta y las adquisiciones de la propiedad por parte del banco crecieron un 5 por ciento", según informa Reuters). Pero pongamos las cosas en perspectiva: el 98 por ciento de los prestatarios no está en situación de ejecución de su hipoteca. Y sólo un reducido porcentaje de ellos llevan sus pagos atrasados.

A los políticos les encantan las "crisis". Todos,  John McCain, Hillary Clinton y Barack Obama creen que el Estado debería rescatar a los propietarios que no pueden pagar sus hipotecas. Cuando dicen que el Gobierno debería hacerlo, se refieren a los contribuyentes, incluyendo a aquellos que están pagando sus hipotecas. También piensan que el Estado debería regular más el sector de préstamos e inversiones.

¿Por qué? Porque la "crisis" justifica la expansión del Estado intervencionista. Ese es el motivo de que ahora tengamos una "crisis" de calentamiento global y en los años anteriores tuviéramos "crisis" de la gripe aviar, la amenaza del efecto 2000 para los ordenadores, picos imaginarios en las cifras de casos de cáncer provocados por pesticidas, abejas asesinas emigrando desde México y un crecimiento de la población sin control que conduce a una "bomba demográfica" que traerá "disturbios y hambrunas masivas" hacia el año 2000.

Esto no significa que no haya muchos propietarios que lo están pasando mal. Pero los rápidos crecimientos y caídas de los valores inmobiliarios en algunas partes del país (y las ondas expansivas que produce cada etapa) no justifican desechar lo que ya sabemos sobre el desarrollo económico y entregar el control al Estado. La estabilidad y la prosperidad provienen de que haya gente libre que innova y produce y, sí, que también fracasa. Los burócratas, al margen de lo bien intencionados que sean, no pueden saber lo suficiente como para dirigir ese proceso. Carecen de la formación para dar luz verde a algunas innovaciones y luz roja a otras. Los rescates urgentes generan irresponsabilidad.

Uno espera que los tontos digan tonterías. He aquí a Paul Krugman: "Es desconcertante que los demócratas no hayan sido más agresivos convirtiendo el desastre en asunto electoral de cara al 2008. Deberían serlo".  Keith Olbermann parece encontrar la "crisis" incluso excitante: "Ya verá, en comparación, lo de Enron va a parecer la quiebra de un quiosco de horchata".

Los demás deberíamos tener las cosas más claras. El mejor regulador de la actividad económica y la mayor fuente de conocimiento es la libre competencia. Por supuesto, el Estado la reprime de muchas maneras. Si queremos evitar alteraciones como la presente, será mejor que llevemos a cabo un examen integral de la intervención estatal en la economía. La libertad, y no el control, es el pasaporte hacia el éxito.

© Creators Syndicate, Inc.

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