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El fraude piramidal de las pensiones

Los ahora ancianos pensaban que el dinero retenido de sus nóminas quedaba almacenado en un fondo de reserva. Pero en realidad se gastaba inmediatamente. Ese fondo es un artificio contable.

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¿No va siendo ya hora de que el Gobierno de Estados Unidos no se preocupe tanto por los ancianos? Sin duda se trata de una pregunta políticamente incorrecta. Pero el sistema de Seguridad Social para la tercera edad (el Medicare) acarrea una deuda latente de 34 billones de dólares. Y debido al reciente repunte del paro, devendrá insolvente dos años antes de lo esperado.

Para mi reciente especial de la ABC Ni se le ocurra mencionarlo, hablé con los ciudadanos de La Posada, la colonia de Florida que encabeza la lista Forbes de los diez proyectos residenciales de lujo para jubilados. Esta gente tiene los riñones bien asegurados. Y además con un extra: usted les está pagando la mayor parte de su factura sanitaria mediante el Medicare. A los jubilados les encata. A todo el mundo le gustan las cosas gratuitas. Y el Medicare hace que la consulta médica se vuelva prácticamente gratis.

"¿Qué pasa con estos jóvenes que tendrán que hacerse cargo de la factura? ¿Qué clase de legado les estamos dejando?", pregunta la profesora de la Facultad de Empresariales de Havard, Regina Herzlinger. "En realidad les estamos robando". Algunos estudiantes están alarmados por la magnitud del timo. 20/20 entrevistó a un grupo dispuesto a ayudar a los jubilados con menos recursos (se ofrecían como voluntarios para un banco de alimentos) y se mostraban enfadados porque el Medicare les obligaba a pagar incluso los alimentos de los jubilados ricos. "Este programa, el Medicare, está en esencia extorsionando a toda mi generación", confesaba uno de ellos, Zach Hadaway. Sin duda, los expertos en derecho público les dan la razón a estos chicos.

"El Gobierno dedica a los ancianos alrededor de seis dólares por cada dólar que gasta en los jóvenes y eso que el índice de pobreza entre estos últimos es mucho más elevado", explica Andrew Biggs, del American Enterprise Institute. El Gobierno federal concede un trato preferencia a los ancianos en detrimento de los jóvenes. Les comenté a los jubilados de La Posada que los rapaces les consideraban unos "vejestorios avariciosos" y ellos me respondieron: "Nosotros ya hemos pagado nuestras deudas". El dinero les fue retenido de cada una de sus nóminas durante su vida laboral. Pero en realidad el pensionista medio obtiene una remuneración entre dos y tres veces superior al dinero que ingresó. "Esto no sólo me parece injusto, sino directamente inmoral", sentenciaba el multimillonario Pete Peterson.

Peterson es una rareza: un jubilado que decidió de buena fe renunciar a la prestación del Medicare. Él y su fundación se preocupan del inminente desastre fiscal. Cuando arrancó este programa en 1965, seis personas en edad laboral pagaban el gasto de cada receptor del Medicare. Ahora la cifra es de cuatro e irá empeorando conforme la generación de nacidos durante la Segunda Gurra Mundial se vaya jubilando. El Medicare es insostenible a largo plazo.

"Las deudas ascienden a 34 billones", dice Herzlinger. Esa es la cantidad de dinero público del Medicare que habrá que pagar por encima de lo que ya se ha presupuestado: es lo que costarían alrededor de 30 guerras de Irak. Si encerramos a Madoff por dirigir un fraude piramidal, deberíamos tener en cuenta que Medicare también lo es y mucho mayor. Los ahora ancianos pensaban que el dinero retenido de sus nóminas quedaba almacenado en un fondo de reserva. Pero en realidad se gastaba inmediatamente. Ese fondo es un artificio contable.

El gigantesco lobby de los jubilados, la AARP, habla pocas veces de la inminente quiebra del Medicare y rechaza realizar reformas como que se practiquen auditorías o elevar la edad de jubilación, afirmando que la mayor parte de los problemas pueden solventarse simplemente bajando el gasto en Sanidad. "Es necesario dar un mejor uso a las nuevas tecnologías", me decía David Certner, del AARP.

La Oficina Presupuestaria del Congreso afirma que esas cosas no van a servir para ahorrar mucho dinero. "Bueno, tendrán que hacerlo", se plegaba de hombros Certner. Eso suena a optimismo antropológico (algo que no es inusual entre los grupos de presión que ignoran la economía). Cuando algo le sale gratis a un colectivo, su demanda se dispara y con ella se hunde la renta de quienes tienen que seguir pagándolo coactivamente.

Para más inri, el problema demográfico que destaca Peterson no va a desaparecer así por las buenas. Un menor número de trabajadores por jubilado significa que la recaudación del Medicare se reducirá –y punto– aun cuando los costes de la Sanidad sean constantes. "En última instancia, alguien va a tener que prescindir del tratamiento médico que recibe", explica Peterson. Nuestro grupo de ancianos tenía dudas después de escucharnos hablar: "Si es cierto lo que dicen los jóvenes, cuando tengan nuestra edad, podrían no cobrar el Medicare".

"Dígales que cambien las leyes", sostenía uno. "Si los jóvenes pueden reunir votos, entonces podrán lograrlo". Lo dudo. Los ancianos votan según el Medicare. Y la mayoría de jóvenes ni siquiera saben que los están desplumando.
© Creators Syndicate, Inc.

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