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John Stossel

La competencia sanitaria beneficia a los pacientes

están apareciendo de la noche a la mañana clínicas médicas tanto en los grandes almacenes Wal-Mart como en otros comercios similares. Estas consultas ofrecen a personas con problemas simples como inflamaciones o infecciones auditivas un servicio barato.

John Stossel
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En conjunto, los costes de la atención sanitaria están creciendo más deprisa que la inflación desde hace ya tiempo, pero hay una parte de los precios de la medicina que no se está disparando. En algunas especialidades concretas están bajando, al mismo tiempo que la calidad se eleva.

La consulta del doctor Brian Bonanni es un poco rara. Está abierta los sábados. Además, envía correos electrónicos a sus pacientes y les da su número de teléfono móvil.

– Necesito estar disponible 24 horas al día – dice –. Quiero estar ahí cuando un paciente tiene preguntas, y quiero estar localizable.

Seguro que su médico habitual no le dice eso. Bonanni sabe que tiene que satisfacer a sus pacientes, no a una aseguradora o al Gobierno, porque a él le pagan directamente ellos. Es oftalmólogo especializado en cirugía láser. El seguro médico raramente cubre lo que él hace: retocar los ojos para que la gente pueda ver bien sin gafas. Sus pacientes comparan precios antes de llegar a él. Hacen una pregunta que las personas que dependen de un seguro médico no se plantea: "¿Cuánto costará eso?"

– No puedo seguir adelante sin decir al paciente cuánto va a costar exactamente – dice Bonanni –. Nadie lo toleraría. Y una diferencia de 100 dólares en ocasiones toma la decisión por ellos.

Tiene que competir por sus casos. Una de las consecuencias de eso es que los precios son más bajos. Y al mismo tiempo que el procedimiento se abarata, también mejora. Los láser de hoy en día son más rápidos y precisos.

Los precios se han desplomado y la calidad se ha elevado en otras especialidades médicas en las que casi todos pagan de su bolsillo, como la cirugía plástica. El poder del consumidor funciona, incluso en medicina. Cuando se mantiene al margen a Gobierno y aseguradoras, pasan cosas nuevas y positivas.

Un médico de Tennessee con el que hablé publicita sus bajos precios, del orden de 40 dólares por consulta. La mayor parte de los médicos dirá que no se puede ganar dinero de esta manera. Pero el doctor Robert Berry me dijo que sí: "El año pasado gané lo que gana de media en este país un médico de atención primaria."

Berry no acepta seguros. Eso le ahorra dinero porque no tiene que contratar personal para hacer las reclamaciones a las aseguradoras y nunca tiene que pegarse con ninguna compañía para que le pague. Sus pacientes, que en su mayoría carecen de seguro, también se ahorran dinero. Al contrario que los médicos atrapados en el laberinto de las compañías aseguradoras, Berry trabaja con sus pacientes para encontrar maneras de ahorrarles dinero.

– Sale de sus bolsillos. Y tienen miedo. No saben cuánto va a costar. De modo que les digo, "Vale, tiene usted ardor de estómago. Empecemos con el genérico Zantac, que cuesta alrededor de cinco dólares al mes" – entonces sus pacientes preguntan por los fármacos caros que ven anunciados en televisión –. Son medicinas muy buenas, pero ¿por qué no prueba esta y vemos si le funciona?

Y se que, en algunos casos, las pastillas de cuatro dólares del Wal-Mart son igual de buenas que las que cuestan cien.

A todo esto, ya que hablamos de Wal-Mart, están apareciendo de la noche a la mañana clínicas médicas tanto en los grandes almacenes Wal-Mart como en otros comercios similares. Estas consultas ofrecen a personas con problemas simples como inflamaciones o infecciones auditivas un servicio relativamente libre de molestias y barato. Casi todo cuesta 59 dólares o menos. Y generalmente abren los siete días de la semana.

Grace-Marie Turner, presidenta del Galen Institute, una organización de investigación de política sanitaria, explica por qué prosperan estas clínicas: "Están averiguando cómo hacer las cosas más rápido, mejor y más barato. Están respondiendo a la demanda del consumidor porque ven que pueden ganar dinero por ello."

Cuando los consumidores pagan los gastos médicos por su cuenta, reservando el seguro para cosas importantes, y los médicos tratan directamente con ellos, éstos tienen que empiezan a competir. Empiezan a publicar los precios de sus servicios y trabajan para mantenerlos bajos. Y los consumidores ganan un mayor control sobre su cuidado médico. En lugar de ser los gobiernos y las aseguradoras las que deciden por los pacientes, son ellos quienes escogen.

La competencia da más opciones al consumidor. Y la posibilidad de elegir les da poder. Recuerde eso cuando escuche a un político prometiendo hacer accesible y barata la sanidad a través de la fuerza del Estado.
© Creators Syndicate, Inc.

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