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John Stossel

Mejor preocuparse por peligros reales

Las redacciones están llenas de gentes de letras que admiten que no se les dan bien las matemáticas, pero que aún así no dudan en anunciar con gran confianza en sí mismos la "crisis" de calentamiento global o la inminente llegada de la gripe aviar.

John Stossel
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En las últimas semanas he escrito sobre cómo los medios, que forman parte del Complejo Industrial del Miedo– ganan dinero asustándonos con cosas que ocurren con muy poca frecuencia, como el terrorismo, los secuestros infantiles o los ataques de tiburones. Los periodistas metemos miedo a nuestro público porque nos vemos atrapados en la excitación de la noticia. Y por hacer subir la audiencia, claro.

Es peor aún el hecho de que, debido a que la mayoría de los reporteros son analfabetos en cuestiones estadísticas, los abogados consiguen que exageremos los riesgos de cosas que apenas son una amenaza, como el humo que aspira el fumador pasivo o el cáncer provocado por cantidades infinitesimales de productos químicos. En ocasiones incluso consiguen que asustemos a nuestros televidentes con riesgos que ni siquiera existen, como desarrollar enfermedades auto-inmunes a causa de implantes mamarios.

Las redacciones están llenas de gentes de letras que admiten que no se les dan bien las matemáticas, pero que aún así no dudan en anunciar con gran confianza en sí mismos la "crisis" de calentamiento global o la inminente llegada de la gripe aviar.

La gripe aviar fue calificada como la amenaza número uno para el mundo, pero aún no ha matado a nadie en Estados Unidos, mientras que la gripe normal, la aburrida que todos hemos sufrido, mata a decenas de miles cada año. El médico internista Marc Siegel, de Nueva York, dice que después de las exageraciones publicitadas por los medios, sus pacientes se niegan a escucharlo: "Les digo que necesitan una vacuna para la gripe. Y es que la gripe normal está matando a 36.000 personas al año. Pero me contestan: 'no me hable de la gripe común. ¿Qué hay de la gripe aviar?'"

He aquí otro ejemplo. ¿Qué piensa que es más peligroso, una casa con piscina o una casa con un arma? Cuando pregunté a algunos niños, para mi programa de televisión 20/20, todos dijeron que las casas con armas son más peligrosas. Estoy seguro de que sus padres estarían de acuerdo con ellos. Pero resulta que es cien veces más probable que un niño fallezca en una piscina que por un accidente con un arma de fuego. Los padres no lo saben porque los medios de comunicación odian las armas de fuego y hacen grandes titulares con los accidentes con ellas. Pregúntese si no me cree qué accidente es más probable que aparezca en televisión.

La excesiva cobertura que dan los medios a sucesos que raramente suceden en la vida cotidiana nubla nuestro entendimiento. Por supuesto, no resulta de ayuda el que la audiencia sea tan ignorante en materia de probabilidad como los periodistas. Para demostrarlo, 20/20 hizo un experimento. Llenamos dos platos de gominotas blancas y rojas y les pedimos a varias personas que se pusiera antifaces y cogiesen una de alguno de los platos. Prometimos pagar un dólar a quien cogiera una roja.

El truco estaba en que un plato contenía veinte gominolas y el otro cien, pero en el que tenía menos había un porcentaje superior de gominotas rojas. Pusimos carteles que advertían claramente que el plato pequeño tenía un 10% y el grande un 7% de gominolas rojas. Sorprendentemente, hasta con el cartel con los porcentajes delante, un tercio escogía el recipiente de los cien caramelos.

Lo que sucedía es que lo que veían con sus propios ojos les impedía pensar en abstracto sobre probabilidades. Y veían más rojo en el plato grande. Es una de las razones por las que nos obsesionamos con cosas que tienen una probabilidad baja de hacernos daño, pero ignoramos las amenazas reales.

Otra es la ilusión del control. La gente que tiene miedo a volar se siente cómoda conduciendo porque creen "tener el control". Pero conducir es probablemente la actividad más arriesgada que lleva nunca a cabo la mayoría de los estadounidenses. Conducimos a más de cien kilómetros por hora a muy poca distancia de otros vehículos, algunos de ellos conducidos por chicos de 16 años. Y nuestras cámaras han sorprendido a personas rizándose las pestañas o leyendo mientras conducían. Un centenar de personas fallece en la carretera todos los días. Pero es mucho más probable que los medios emitan historias de terror sobre accidentes de aviación que sobre accidentes de tráfico.

De modo que tómese lo que emiten las televisiones con escepticismo. Pase de nosotros cuando empecemos a hiperventilar a propósito de la enfermedad de las vacas locas o los peligros que supone tener amianto en las paredes. En cambio, preocúpese por aquello por lo que merece la pena preocuparse: conducir, fumar cigarrillos, beber en exceso, o comer demasiado. Los pacientes deberían preocuparse por su tensión, lo que comen y si hacen ejercicio, dice Marc Siegel. "Pero la obesidad es aburrida. Las enfermedades vasculares son aburridas. De modo que tendemos a no pensar en las cosas que realmente nos pueden matar."

Los medios empeoran esa tendencia. En lugar de educar a nuestros espectadores mostrándoles qué peligros son reales, los asustamos con cosas que raramente suceden.

© Creators Syndicate, Inc.

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