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¿Podemos confiar en Oscar Arias?

Mientras Oscar Arias no demuestre con hechos que está por la labor de una mediación imparcial, no puedo evitar sentir que lo que en verdad pretende es asegurar la financiación de su ambicioso proyecto por parte de los países ricos.

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Habiendo quedado demostrada la parcialidad del secretario general de la OEA y, por lo tanto, su incapacidad para mediar una solución razonable en el conflicto hondureño, la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, consideró oportuno llamar al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, para pedirle que se hiciera cargo del proceso de mediación.

Todo el mundo parece estar de acuerdo con la nominación del costarricense. La Unión Europea la secundó de inmediato; la OEA no ha protestado y, lo que es más importante, las partes en conflicto la han aceptado.

Entre las posibles razones para considerar el nombramiento de Arias como un acierto estarían:

  • Tiene probada experiencia en la mediación de conflictos. Recordemos el Plan Arias para poner fin a la guerra entre el gobierno sandinista y la Resistencia Nicaragüense a finales de los ochenta.
  • Tiene una buena reputación internacional como civilista y hombre de paz. La mediación en la guerra civil nicaragüense le valió el premio Nóbel de la Paz de 1987.
  • Su país, Costa Rica, es percibido mundialmente como una democracia consolidada.
  • Le resta protagonismo a los presidentes del ALBA (léase, a Hugo Chávez).
  • Milita en la socialdemocracia, lo que lo hace aceptable entre sus pares de la izquierda moderada latinoamericana.

Pero, ¿son esas credenciales suficientes para esperar que su mediación sea imparcial, desinteresada y justa? Consideremos ciertos antecedentes recientes que nos pueden dar pistas de por dónde se moverá Arias en el rol que se le ha asignado.

En primer lugar, el mismo día que Manuel Zelaya llegó a Costa Rica, tras ser expulsado de Honduras, Arias se apresuró a calificar lo ocurrido como un Golpe de Estado y llamó a todos los países del hemisferio y a la comunidad internacional para que lo condenaran. En ese mismo acto deploró que una parte de la sociedad civil de Honduras viera con simpatía "un Golpe de Estado". Asimismo, como presidente de Costa Rica también aprobó las resoluciones de la OEA que suspenden a Honduras y piden la restitución "inmediata, segura y sin condiciones" de Zelaya a la presidencia.

Eso quiere decir que Arias ya ha tomado parte en el conflicto que se supone debe ayudar a resolver de manera imparcial. Pero, aún así, concedámosle el beneficio de la duda y asumamos –por el momento– que lo que expresó cuando recibió a Zelaya en San José a finales de junio era lo obligado por la corrección política en aquellas circunstancias, y que aprobó las resoluciones de la OEA para no desentonar del resto de sus colegas presidentes, pero que todo lo que se ha venido conociendo desde entonces respecto a lo que verdaderamente ocurrió en Honduras lo ha hecho cambiar de parecer.

Sin embargo, la publicación de un artículo bajo la firma de Oscar Arias hace unas semanas en las páginas de opinión del Washington Post, deja en claro de qué pie cojea. El artículo es decepcionante y oportunista. Es decepcionante porque lejos de señalar y analizar las causas que llevaron a las instituciones hondureñas a proceder como lo hicieron, se limita a achacar la culpa de lo acontecido al excesivo gasto militar en América Latina y a asegurar de manera simplista y nada rigurosa que "este Golpe de Estado demuestra, una vez más, que la combinación de unos poderosos militares con unas democracias frágiles crea un riesgo terrible".

Y es oportunista porque lo aprovecha para tratar de vender un proyecto elaborado por su gobierno y que él llama "El Consenso de Costa Rica". Tal proyecto, según él, "crearía mecanismos para perdonar deudas y proveer ayuda internacional a los países en vías de desarrollo para que gasten más en educación, salud, vivienda y conservación del ambiente y menos en armas y en guerras". No dice cuánto costará el Consenso de Costa Rica, pero que no nos quepa la menor duda de que será carísimo.

Mientras Oscar Arias no demuestre con hechos que está por la labor de una mediación imparcial, no puedo evitar sentir que lejos de buscar una solución viable, digna y justa al conflicto hondureño, lo que en verdad pretende es asegurar la financiación de su ambicioso proyecto por parte de los países ricos.

© AIPE

Jorge Salaverry es ex embajador de Nicaragua en España

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