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Jorge Soley

El Partido Demócrata, en manos de dos viejos varones blancos

Al final, el candidato del partido multirracial y feminista, del partido de la diversidad, saldrá de la lucha entre dos viejos varones blancos, Joe Biden y Bernie Sanders.

Jorge Soley
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Tras el Supermartes, el establishment del Partido Demócrata respira: esto va a ser una lucha a dos, Sandres contra Biden, y, si no se produce una hecatombe, Joe Biden será el elegido para enfrentarse a Donald Trump en noviembre.

El panorama no parecía tan claro hace unas pocas semanas. Joe Biden no despegaba, el novato Pete Buttigieg era capaz incluso de derrotarle en Iowa y New Hampshire, la amenaza de Bloomberg se oteaba en el horizonte y Bernie Sanders avanzaba con paso firme. Fue en ese momento cuando saltaron todas las alarmas. El Partido Demócrata iba a hacer lo que fue incapaz de hacer el Partido Republicano para frenar a Trump en 2016: actuar con decisión para concentrar el voto en un solo candidato moderado e impedir así que un outsider como Sanders se alzara con la victoria. Un rechazo a Sanders que no es sólo manía a quien nunca ha militado en el partido, sino verdadero pánico ante un candidato sin posibilidades reales de derrotar a Trump y con quien se presume que sería imposible arrebatar el Senado a los republicanos y, con ello, cualquier posibilidad de bloquear las nominaciones al Supremo de Trump.

El momento clave fue Carolina del Sur, justo antes del Supermartes, donde Biden recibió el apoyo de los dirigentes demócratas de un estado de población mayoritariamente negra que se volcó masivamente y le dio una sonada victoria. Joe Biden se había salvado. Se trataba de alargar ese momentum hasta el Supermartes.

Para ello, el establishment demócrata movió todos los hilos posibles y consiguió la retirada de Pete Buttigieg y Amy Klobuchar, que pidieron el voto para Biden la víspera del Supermartes. Klobuchar era presa fácil, pero Buttigieg había aspirado al puesto que ahora ocupa Biden, el de candidato favorito del establishment demócrata. No obstante Buttigieg, además de su corta experiencia, ha demostrado que funciona bien entre los liberales urbanitas, pero no suscita entusiasmos entre la comunidad afroamericana y eso, en el Partido Demócrata actual, es un hándicap insuperable. Un 11% de los votantes negros de Obama se quedaron en casa en las últimas elecciones, lastrando definitivamente las posibilidades de Hillary Clinton.

Así que el equivalente demócrata de los NeverTrumpers, los del PleaseNotBernie, ya tenían consigna: GoWithJoe.

La jugada ha resultado, con Biden llevándose la victoria en 9 de los 14 estados en juego, por los cuatro en los que ha vencido Bernie Sanders (Maine, cuando escribo estas líneas, aún no está definido, con un 33,9% para Biden y un 33,1% para Sanders con el 81,4% escrutado).

Sin Buttigieg ni Klobuchar, el único que le podía disputar el voto moderado a Biden era el multimillonario Michael Bloomberg, que aún no había entrado en liza y se lo jugaba todo en este Supermartes. Una estrategia arriesgada que ha fracasado, pues, a pesar de los muchos millones invertidos (aunque las cifras varían, se habla de entre 400 y 700 millones de dólares) esperando protagonizar una entrada impactante en este Supermartes, el exalcalde de Nueva York ha obtenido en torno al 15% de los votos. Con estas cifras, su candidatura pierde sentido y las presiones para que se retire y deje el campo expedito a Biden serán intensas. Trump, por cierto, ha aprovechado el fiasco de Bloomberg para hurgar en la herida y tuitear que tantos millones solo le han servido para llevarse el apodo de Mini Mike. En tono burlesco, algunos medios conservadores hablaban de la alegría de los estadounidenses ante el final de la campaña de Bloomberg, equiparable a las de esas compañías telefónicas que te bombardean con llamadas a la hora de la siesta. Los 17 millones de Tom Steyer gastados en Carolina del Sur fueron un aviso de lo que ahora Bloomberg ha confirmado a lo grande: aún hay cosas que el dinero no puede comprar (y menos si tu pasado no te ayuda, tienes problemas con el voto femenino y no eres precisamente bueno en los debates).

Bernie Sanders se ha llevado el premio gordo del Supermartes con su victoria en California, de lejos el estado con más delegados, pero probablemente esto no baste. Sí, Sanders ha demostrado contar con un entusiasta ejército de voluntarios dispuestos a darlo todo, a pedir el voto puerta a puerta, a movilizar a sus amigos e incluso a aportar dinero a su campaña (la aportación media a la de Sanders es de 26 dólares), pero lo cierto es que se mueve entre el 25 y el 35% (30% en Texas, 32,8% en California), con la excepción de su estado, Vermont, donde consigue un anómalo 50,7%, que es mucho pero que aún queda lejos de los resultados habituales en sus admirados países socialistas.

La otra candidata que disputa el voto más izquierdista a Sanders, Elizabeth Warren, ha obtenido unos resultados que no invitan al entusiasmo, moviéndose generalmente entre el 10 y el 15%, con la excepción del 21% en su estado de Massachusetts; en cualquier caso, nada del otro mundo. Y sin embargo Warren ya ha anunciado que no se retira, en un ridículo mensaje en el que habla de mantener vivo el momentum (si esto es su momentum, no me quiero imaginar cómo serán sus horas bajas). Parece más bien que la senadora está ofreciendo un valioso servicio al establishment demócrata al dividir el voto izquierdista y arañarle delegados al enemigo a batir, Sanders (hecho que no le ha pasado desapercibido a Trump).

El panorama, pues, se va aclarando en torno a dos polos, encabezados por Biden y Sanders. Aunque es prematuro, es posible que ninguno de los dos llegue a la convención de julio en Milwaukee con los 1.991 delegados necesarios para obtener la nominación presidencial a la primera. En ese caso, entrarán en acción los 771 superdelegados (este año, aproximadamente el 16% de los delegados), elegidos directamente por el partido sin haber sido votados y que se inclinarán masivamente por Biden. Una victoria en primera ronda es lo ideal (entre otras cosas, porque la legitimidad democrática de los superdelegados se pone a menudo en entredicho), pero a nadie le amarga un dulce y menos una nominación.

Al final, el candidato del partido multirracial y feminista, del partido de la diversidad, saldrá de la lucha entre dos viejos varones blancos, Biden y Sanders, a punto de convertirse en octogenarios, uno de los cuales tendrá que enfrentarse al jovencito Trump (sólo tiene 73).

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