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Victoria de Trump en Carolina del Sur: pasamos a alarma Defcon II

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Siguen adelante las primarias y sigue también adelante Donald Trump, quien se ha alzado con la victoria en Carolina del sur, con un 32,5% de los votos republicanos, diez puntos por delante de Rubio (22,48%) y Cruz (22,33%) y consiguiendo los 50 delegados en juego (como en la canción de Abba, en Carolina del Sur the winner takes it all). Sí, las encuestas le daban más ventaja y algunos analistas señalan que Trump no consigue superar la barrera del 35% (aunque añaden, acertadamente, que "eso no es un problema ahora, cuando el voto de sus oponentes se divide entre cinco"), pero es indudablemente el frontrunner en estas primarias republicanas y el establishment republicano empieza a ver con horror la imposibilidad de hacer descarrilar al rey de los reality shows. En frase muy gráfica, R. Reno habla de que se ha activado la alarma Defcon I en los despachos del partido republicano. Quizás sea más apropiado hablar de Defcon II, pero lo que es indudable es que Trump está a punto de llegar a ser un problema demasiado grande para ser pinchado sin daños colaterales de una gravedad nunca vista.

Trump, en Carolina del Sur, ha confirmado que puede pescar bien entre los votantes evangélicos, numerosos en ese estado y que muchos de quienes le apoyan están dispuestos a seguir con él hasta el final. Muchos pensaban que el voto a Trump era una pataleta, pero que a la hora de depositar el voto prevalecería el sentido común. No ha sido así: la mayoría de quienes hace un mes dijeron en los sondeos que iban a votar al multimillonario, lo han hecho.

El que ha salido mejor parado de Carolina del Sur es Marco Rubio. Sus resultados no son espectaculares y su segundo puesto ha sido sólo por un puñado de votos (un 0,15%), pero parece que ha superado su bache en New Hampshire. Aunque lo más relevante para las aspiraciones de Rubio es la retirada de Jeb Bush, que con un 7,84% de los votos ha conseguido unos resultados francamente decepcionantes. Jeb jugó la carta familiar, involucrando a su hermano George en la campaña, pero su apuesta no ha convencido a casi nadie. Ahora Rubio espera adueñarse de los votos y de los donantes de Jeb. Tras criticarle ásperamente hace unos días, al enterarse de su retirada, Rubio calificó a Jeb Bush "el más grande gobernador de la historia de Florida", quizás un poco excesivo, pero ya se sabe que una nominación bien vale alguna piadosa exageración. Mientras los rumores de que Mitt Romney está a punto de hacer público su apoyo a Rubio son cada vez más fuertes, parece cada vez más claro que el establishment del partido va a dar su apoyo explícito al senador por Florida, algo que hay quien en su equipo considera un regalo envenenado. Lo ideal sería, sostienen, conseguir ese apoyo, con todo el dinero y visibilidad que aporta, pero sin que Rubio aparezca como el candidato del viejo y corrupto establishment. ¿Lo conseguirán?

En cuanto a Cruz, sus resultados son inferiores a los que muchos esperaban, especialmente en un estado sureño con fuerte presencia de evangélicos. Hay quienes incluso se han mostrado a favor de que Cruz llegue a un pacto con Rubio y se retire de la carrera a cambio de la vicepresidencia. Parece muy improbable por múltiples motivos, entre ellos el rechazo visceral que levanta Cruz entre ese establishment que va a apostar por Rubio. Además, dos cubanos en el mismo ticket sería demasiado. Rubio, por otra parte, ya ha alabado a la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Halley, como una magnífica posible vicepresidente: mujer, joven, de origen indio, con experiencia de gobierno y buenas credenciales conservadoras.

Con un 7,6% y un 7,2% de los votos respectivamente, Kasich y Carson no se han retirado a día de hoy. Es éste un factor clave pues la división del voto republicano entre varios candidatos ha sido una de las claves del éxito de Trump, quien probablemente saldría derrotado en un cara a cara tanto con Rubio como con Cruz. ¿Por qué aguantan si saben positivamente que no van a ganar? Las teorías son múltiples: desde el lucrativo negocio que supone para algunos la participación en las primarias hasta el trabajo por cuenta de otro candidato para debilitar a sus rivales. Sea como sea, las presiones para que tiren cuanto antes la toalla serán cada vez mayores.

En el campo demócrata, se ha hablado de una victoria clara de Hillary en Nevada. En realidad han sido un 52,6% para Clinton frente a un 47,3% para Sanders, 19 delegados frente a 15. Victoria indudable, pero que tampoco permite echar las campanas al vuelo (hace un mes los sondeos le daban 20 puntos de ventaja). Principalmente porque aunque indica que Hillary va a ser con gran probabilidad la candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, también pone en evidencia sus límites.

Tras dejar claro que los jóvenes y las mujeres no se sentían especialmente atraídos por Hillary, en Nevada se esperaba ver el comportamiento de los negros y los hispanos. Los afroamericanos han respondido, pero los hispanos han preferido a Sanders por un 53% contra un 45%. ¿Qué pasará cuando el candidato no sea un judío de Brooklyn sino un cubano, de Florida o Texas?

Con lo que sí que cuenta Hillary es con medios (su equipo llegó a Nevada seis meses antes que el equipo de su rival) y el apoyo masivo de su partido: Harry Reid, el veterano boss demócrata de Nevada, el hombre que domina los sindicatos en el negocio del juego, dio claras instrucciones para que se votase a Hillary. Ésta, que se siente segura del apoyo de la enorme comunidad afroamericana de Carolina de Sur, ha decidido irse directamente a Texas, mientras su marido, Bill, se ha ido a hacer campaña a Colorado, de cara al Supermartes.

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