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El Estado del Bienestar ha de ser abolido

Solo hay una solución para combatir la era negra a la estamos abocados, menos Gobierno y más libertad individual.

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Pere Navarro, director general de la DGT, lo ha vuelto a hacer. Ahora nos quiere volver cobrar por usar las carreteras. No le basta con los impuestos al automóvil, a la gasolina, a las concesionarias, las multas, el impuesto de matriculación. Si sigue así robando al ciudadano y manipulando sus estadísticas, le harán ministro de Economía y Hacienda.

Este es el último ejemplo de la abominación del Estado del Bienestar. ¿Se lo ha cuestionado nunca? Todos los servicios públicos, es decir, estatales, salen de sus impuestos y están orquestados por la organización más ineficiente y corrupta del planeta, el Estado, los funcionarios, los políticos. El Estado del Bienestar es una máquina de quemar dinero que no produce nada, al revés, resta producción y recursos a la economía privada. Tan ineficiente y costosa es, que no se puede mantenerse ni con altos impuestos y déficits. Opciones como las multas, el aumento de la deuda y las pseudoprivatizaciones que va a hacer el Gobierno no dan para mantenerlo.

Esta semana un colegio de Lleida eliminó el comedor a algunos de sus alumnos porque la administración no paga. Un 25% de las quiebras empresariales se deben a que la administración no paga. Esto provoca que en Europa se produzcan 500.000 desempleados anuales. Solo los grandes empresarios con un banco detrás siguen adelante. El enemigo número uno de las pymes es el Gobierno y sus burócratas.

El apego del hombre a las falsas promesas del Gobierno supera toda lógica. Me contaba un amigo argentino que cuando ocurrió el corralito en su país natal la gente no salió a la calle pidiendo más libertad para el ciudadano y menos intromisión estatal, sino "políticos honrados". ¿Pero qué es eso? La mayor de las contradicciones. La casta política no tiene ni un solo incentivo para que le guie hacia el camino de la bondad humana. Viven en un estado de anarquía donde hacen lo que quieren. Son niños mimados con el poder de un emperador absoluto, lo que convierte al Gobierno en una oligarquía.

El ciudadano no ve que la libertad no se gana cada cuatro años en las elecciones, sino cada día. Esta dejadez, apatía y conformismo ha convertido el poder de la sociedad civil en un mercado de esclavos con voto. Podemos elegir cada cuatro años a un amo llamado PSOE y otro idéntico llamado PP.

Contaba Llewellyn H. Rockwell que la socialización de la odontología en Reino Unido ha provocado que "muchos ingleses no tienen más remedio que sacarse ellos mismos las muelas" porque aunque el Gobierno ofrece el servicio, las colas pueden durar años. La conclusión del autor no podía ser más certera: "si acabamos con el capitalismo, pronto estaremos de vuelta a la Edad de Piedra".

Y es que en España nos está pasando lo mismo. La medicina estatal ha conseguido, por ejemplo, que en Canarias el tiempo medio de esperar para que le atienda un especialista sea de 277 días (9 meses). Desde que vamos al médico para explicar nuestras dolencias hasta conocer el diagnóstico pueden transcurrir 134 días para unas pruebas de alergia, 131 días para una resonancia o 128 días para una mamografía. ¿Esto es Estado del Bienestar? Sabe que con lo que le roba la seguridad social tendría usted un seguro de calidad infinitamente mejor, y no hablemos del trato. Volver a los médicos funcionarios, no mejora la sanidad, la mata.

Muy probablemente después de las elecciones de mayo habrá otro apretón de tuercas por parte del Gobierno y administraciones locales, ya sean del PSOE o del PP. Las arcas están vacías. Los impuestos, las tasas y las multas han de subir para cubrir "nuestro bien social". La solución no son absurdidades como un "Gobierno inteligente" o un gobernante honrado. Es una cuestión de incentivos humanos. Puede ocurrir que por vocación haya un político honesto, pero en el momento que tiene dinero y poder ilimitado desaparece tal humanismo. Solo hay una solución para combatir la era negra a la estamos abocados, menos Gobierno y más libertad individual. Entre nosotros y el bienestar sobran intermediarios. Es hora de poner fin al Estado del Bienestar y al Gobierno omnipotente.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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