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Semana Santa

Estado policial en las carreteras

Otra vez la Semana Santa ha sido la excusa del gobierno para controlar la libertad y aumentar sus ingresos a nuestra costa. Es el Gran Hermano de George Orwell que cada vez cobra más fuerza: te vigilo, te controlo y cómo no, te saco el dinero.

El año pasado, sobre el total de los desplazamientos de Semana Santa, se produjo aproximadamente un 0,0006% de muertos, es decir, de 155.000 personas que cogieron el coche para ir a alguna parte, una murió. Le diré algo que dejará sorprendido a los aprendices de dictador de la DGT: ¡los accidentes pasan! ¡Y ocurren sin que nadie quiera que sucedan! Por eso son accidentes.

Sólo hay dos soluciones para que las muertes en la carretera dejen de producirse. Una es prohibir los vehículos motorizados y la otra prohibir las carreteras. Pero aún así los accidentes seguirán produciéndose en otras partes, por ejemplo, en la ciudad o el hogar. Después, ¿hemos de prohibir las ciudades o las casas que es donde se producen la mayoría de sucesos trágicos? ¿Hemos de instaurar estados policiales con recortes a la libertad individual y severas multas en nuestra ciudad y en nuestra casa con policías y jueces diciéndonos cómo organizar nuestra vida? El gobierno no es nuestro tutor ni amo, no somos de su propiedad; eso significaría que somos sus sirvientes y "teóricamente" es al revés.

Los burócratas nos recortan la libertad pero nosotros pagamos, en todos los sentidos, las consecuencias. ¿Es que ellos sólo no tienen responsabilidades, sólo derecho a imponerse sobre nosotros? Fíjese como enfocan el problema de los accidentes de tráfico, nosotros siempre somos los culpables: que morimos porque no llevamos el cinturón, porque conectamos la radio, que somos unos inconscientes, mienten al decir que sí se puede fumar en nuestro coche y luego nos multan... Pero hay carreteras en mal estado, mal señalizadas, escasos sistemas de seguridad pasivos, incluso coches abandonados que nadie retira por disputas entre ayuntamientos. Hay accidentes que se producen por estas negligencias y ni la DGT, ni la administración, responden por ellos. ¿Por qué pagamos impuestos de circulación pues?

Entonces, ¿hemos de obligarles a que se responsabilicen de sus negligencias? Nunca lo harán de forma real. Como nos demuestra el sentido común y la historia, si esperamos que el gobierno se preocupe de lo que teóricamente es garante las soluciones aún serán peores, los costes se elevarán y el desplazamiento rápido se hará imposible. La economía privada nos dio los coches y el gobierno atascos y carreteras inseguras.

Tomemos otro punto de vista más original y beneficioso para todos: la privatización. El profesor Walter Block, que en breve publicará un libro sobre este tema, y otros autores (Thomas DiLorenzo, Eric Peters, Gene Callahan…) han escrito en diversas ocasiones sobre la seguridad en las carreteras y las razones para privatizarlas, y lo han comparado con ejemplos históricos. Privatización, ahí está la alternativa. Sólo así haremos que el propietario privado de la carretera se haga responsable de lo que ocurre en su negocio. Sólo así lograremos crear a alguien que se preocupe de la seguridad por miedo a las pérdidas económicas y litigios. Sólo así crearemos un tipo de seguridad real y no de boquilla sin pisotear nuestra libertad. El gobierno no es responsable de nada, por eso nunca consigue sus objetivos.

¿Le resulta difícil creer que podamos privatizar las carretas? Las propuestas ya existen. Lo que es imposible es reducir a cero los accidentes de tráfico aun restringiendo la libertad y dinero de todos.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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