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Las consecuencias de la manipulación del dinero

Las consecuencias de la actuación de los bancos centrales están a la vista: inflaciones crediticias imposibles de asumir por el ciudadano medio que ve subir mes a mes los precios y sueldos que se mantiene igual que la década de los 90.

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Si en estas últimas semanas ha seguida la evolución de la Bolsa, habrá visto que en estos momentos el mercado no es apto para cardiacos. La Bolsa es el reflejo de los acontecimientos económicos donde los accionistas intentan adelantarse al futuro más inmediato. Si la Bolsa baja o está inestable es que los accionistas creen las perspectivas económicas van a ser malas. En países como Estados Unidos están viviendo lo que puede ser el inicio de una crisis anunciada y que en algún momento llegará aquí. El mercado de la vivienda empieza a retroceder y está repercutiendo directamente en la economía financiera.

Uno de los grandes detonantes del actual estado de volatilidad del mercado ha sido la aparente crisis del carry trade debido a la reciente subida de los tipos de interés del Banco de Japón. El carry trade es una inversión apalancada que se realiza en una divisa cuyos tipos de interés son más bajos que el crédito de los activos que van a ser comprados en otro país. Por ejemplo, pedimos una hipoteca denominada en yenes. Pagamos una cuota muy baja ya que el tipo oficial a corto plazo de Japón está al 0,5% para comprar una casa en España. El problema surge cuando el yen sube como está ocurriendo. En ese momento vamos a tener que devolver el dinero más caro de lo que lo hemos adquirido, luego perdemos. No sólo eso, sino que además estamos financiando un activo a largo plazo (20, 30 años o el término de la hipoteca), con otro de corto plazo. La enganchada puede ser monumental. El carry trade en general, no sólo el hipotecario, mueve más de un billón de dólares, por lo que la subida del yen es una buena razón para el nerviosismo norteamericano.

A esto se ha sumado en Estados Unidos la crisis de las hipotecas subprime (secundarias) que son las concedidas a clientes de alto riesgo, esto es, a aquellos clientes con poca o nula capacidad de financiar proyectos a largo plazo. Las empresas que conceden este tipo de préstamos se endeudan con otras entidades financieras para ofrecer financiación a terceros a un mayor tipo de interés para compensar el riego. Las subprime representan el 20% del mercado hipotecario americano. El problema es que estás empresas tienen los días contados, de hecho, empresas como Central Pacific Mortgage o la gran New Century Financial Corp. están en quiebra. Esta última, por ejemplo, no puede hacer frente a los créditos que tiene con grupos como Merrill Lynch, Citigroup o Morgan Stanley. Por tanto, éstos también tienen un problema, y gordo.

La Bolsa se ha hecho eco de esta situación y sólo se está traduciendo en pérdidas, especialmente en la banca. Las noticias en España no acompañan, parece que vamos de cabeza y a toda velocidad en la misma dirección que Estados Unidos: la deuda bancaria de los españoles se ha doblado desde 2002 (entrada del euro), pasando de 15.500 euros por cabeza en ese año a los poco más de 31.000 euros en 2006 según la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas). Como no podemos con los pagos, ¿qué hacemos los españoles? Nos endeudamos más aún: la reunificación de créditos aumenta. Curiosamente, esas empresas que están quebrando en Estados Unidos se dedicaban precisamente a esto. ¿Y todo esto qué provoca? Que el ahorro familiar se hunda a cotas anteriores a las del año 2000. El ahorro es una de las piezas clave para una economía sana, y está desapareciendo. Además, en España la deuda hipotecaria roza el nivel del PIB y la subida de tipos por parte del BCE harán aumentar la morosidad.

No es que esto sea el fin, pero tampoco son precisamente buenas perspectivas. Las empresas aún están teniendo muy buenos resultados y los ratios empresariales son más que aceptables. Además, los márgenes de intermediación de las entidades de crédito aún son amplios y pueden soportar cierto grado de pérdidas, pero está claro que este modelo de economía no es sano ni deseable. Algo falla aquí. Teóricamente, estas cosas no tendrían que ocurrir, porque para eso los gobiernos crearon los bancos centrales. Pero éstos no sólo no evitarán una crisis en el futuro, sino que la están provocando.

Los bancos centrales son los responsables de la emisión de dinero y la "estabilidad de precios". En lugar de estabilizar los precios con altos tipos de interés acordes a las necesidades reales productivas han forzado con su política monetaria expansiva y populista algo que jamás tendría que haber ocurrido. Han generado enormes cantidades de papel moneda que no está respaldada por nada y lo han lanzado al mercado. Las consecuencias están a la vista: inflaciones crediticias (no confundir con el IPC) imposibles de asumir por el ciudadano medio que ve subir mes a mes los precios y sueldos que se mantiene igual que la década de los 90. Antes de la creación de los bancos centrales nunca había habido antes tantas crisis globales de tanto calado.

Si los bancos centrales siguen manipulando nuestro dinero como si fuese suyo y sin responsabilidad, las crisis seguirán ocurriendo de forma crónica. La solución pasa por eliminar a estos planificadores monetarios y recobrar un sistema sano y próspero como fue el patrón oro.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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