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Sarkozy reinventa el control de precios romano

Por más bases de datos y leyes que haga Sarkozy, ninguna va a superar el castigo de pena de muerte que impuso Diocleciano a los especuladores. La medida no sirvió para nada bueno entonces, ni lo hará ahora.

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El presidente francés está asustado. Afirma que "si no hacemos nada [para impedir la subida de los precios], corremos el riesgo de que estallen disturbios en los países más pobres y de que tengan un impacto desfavorable en el crecimiento mundial". Por eso aboga por un control de precios a nivel mundial de las materias primas.

La situación actual es similar a la que se produjo en el imperio romano. A finales del S. II d.C., una fuerte crisis azotaba Roma. Se debió a la sobrecreación de moneda por parte de los emperadores. Tal situación llevó a una sobreoferta de dinero que no pudo diluirse en la economía creando inflación. La crisis fue la reacción a tal exceso. Es lo ha ocurrido recientemente con el boom inmobiliario (exceso de dinero que se ha canalizado hacia las inversiones más lucrativas convirtiendo tales beneficios en poco más que inflación).

La ofensiva política para aliviar la crisis fue la misma que ahora practican los actuales gobiernos y bancos centrales: crear más dinero. El emperador Claudio II llegó a dejar el denario con un miserable 0,2% de plata. Fue el Quantitative Easing (QE) bernankiano de la época. El objetivo no era estimular la economía como ahora, sino aumentar el señoraje (beneficio obtenido de la acuñación de la moneda).

El emperador Diocleciano en el año 301 d.C. pensó igual que Sarkozy: "hemos de hacer algo". Para hacerse una idea de la situación, el trigo egipcio llegó a experimentar una inflación del 15.000% en cincuenta años.

Para controlar el fuerte aumento de precios que habían creado sus predecesores subió los impuestos y centró su lucha contra los especuladores y la inflación. ¿Le suena? Diocleciano fue el primer político que estableció controles de precios contra la especulación de forma masiva. El Edicto sobre Precios Máximos no fue una ley baladí. La normativa contemplaba precios máximos para más de mil productos, básicamente materias primas. Aquel que vendiese por encima de lo establecido por ley, se enfrentaba a la pena de muerte incluso.

Las consecuencias fueron hambre y pequeños comerciantes asesinados por el Gobierno y, sin embargo, los precios siguieron subiendo en el mercado negro con una inflación rampante. En muchos lugares se abandonó la moneda y los comerciantes volvieron al trueque. Había empezado el declive de Roma.

Diocleciano no fue el único que lucharía contra los especuladores. El decreto de precios máximos también se produjo en la Revolución Francesa, en la Unión Soviética en el S. XX, en la Alemania de Hitler, la España de Franco, en Estados Unidos repetidas veces... Ha sido una constante en la historia. Los resultados siempre han sido los mismos: estrepitoso fracaso. Las medidas siempre se acabaron abandonando de forma oficial u oficiosa.

Sarkozy quiere reinventar los errores de la historia pero a lo grande. Quiere un control de precios mundial gobernado por él y sus colegas. Por más bases de datos y leyes que haga, ninguna va a superar el castigo de pena de muerte que impuso Diocleciano a los especuladores. La medida no sirvió para nada bueno entonces, ni lo hará ahora.

El Estado no abarca la conciencia y necesidades de la gente. La crisis no se debe a los especuladores. Éstos son una consecuencia de un mercado destrozado por las políticas inflacionistas de los gobiernos y bancos centrales, es decir, de la creación de moneda de la nada. El control de precios de Sarkozy solo creará desabastecimiento, un mayor mercado negro y más inflación. Está disparando contra el objetivo equivocado y, por lo tanto, no puede solucionar nada.

Diocleciano tenía una excusa para equivocarse, fue el primero en afrontarse al problema. Sarkozy tiene 2.000 años de experiencia que demuestran que el control de precios es un fracaso con resultados muy negativos. Lo más irónico de todo es que su voluntad de "hacer algo" es lo que nos llevará a la situación que quiere evitar. Cuando eso ocurra, dirá que la culpa es de los especuladores otra vez.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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