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Un país de pandereta

Lo que convierte a España en un país de pandereta es la pasividad de sus ciudadanos que parecen más preocupados por el futbol o por quién será el finalista de Gran Hermano, que por su propio bienestar económico y libertad individual.

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La economía española ha recibido otro varapalo esta semana. La empresa de rating Moody’s nos dice que somos el primer país con mayor déficit fiscal y tasa de paro, lo que llaman exageradamente "Índice de Miseria" (vea aquí cómo hemos quedado en la foto).

Sale a escena el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, para frenar el golpe. Afirma que no hay que sobrevalorar el "Índice de Miseria". Sólo es un índice más. No le falta razón. El índice de Moody’s es una revisión sui géneris de la Ley de Okun (correlación entre los cambios en la tasa de desempleo y PIB). Es exagerado afirmar con rotundidad que una economía está en estado de "miseria" si se usa una fórmula tan simplista. Pero seamos realistas, aún así no es bueno ser los primeros de este ranking. Y además, señor Campa, hay más cosas.

El banco suizo UBS pronostica para nuestro país más desempleo y más impuestos para los años venideros. En España cierran 500 empresas al día. La tasa de desempleo juvenil se sitúa por encima del 30% y dobla la de la UE. Somos líderes en desempleo femenino y masculino. El Estado gasta el doble de lo que ingresa y las comunidades autónomas y ayuntamientos, tres veces más. Más del 80% de los autónomos parados recurren a la economía sumergida. Otra empresa de rating, Standard & Poor's (S&P), casi inevitablemente va a devaluar la solidez de la deuda española. Se vuelve a hablar de expulsar a España de la UE por su pésima trayectoria económica. Los inversores extranjeros ya no quieren saber nada de España. Desde que S&P rebajó la perspectiva de la calificación crediticia española a negativa, el diferencial entre el bono español a 10 años y el Bund alemán se ha dilatado más de 60 puntos básicos. Desde ese momento, el spread entre el futuro del Ibex y del DAX alemán, también lo ha hecho. El Ibex se está comportando peor que la bolsa alemana y europea en general.

Mientras Europa se recupera como puede, en España se está deteriorando todo. Políticamente somos Europa, pero si bajamos a la realidad, la UE termina en los Pirineos. Estamos más cerca de África que de Europa.

No sólo es culpa de los políticos, también de la asombrosa complacencia de los españoles. La prensa se hace eco de que la mujer de Montilla tiene 14 cargos y cobra más de 100.000 euros anuales. Todo el mundo indignado. Después sale en televisión el susodicho y afirma que esto demuestra que su mujer no es un "florero", es una trabajadora. Añade en otro discurso que Cataluña es la mejor nación del mundo y que no cederá a España, y por arte de magia, el presidente de la Generalitat pasa de villano a héroe para el ciudadano medio (catalán).

Cada minero cuesta a los españoles 200.000 euros al año. Otra vez, todo el mundo indignado. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, dice que es por el bien común y todos disculpan tal robo al erario público.

En la línea actual del Gobierno, nuestros dirigentes aumentan el Estado policial. La temperatura en administraciones, bares, tiendas o cines queda regulada a no más de 21 grados en invierno y no más de 26 en verano. También prohíben fumar en lugares públicos, lo que puede llevar al sector hostelero a perder 11.000 millones de euros. No es una buena medida para un país en semi-quiebra. Sale el lobby o político de turno (de cualquier partido) afirmando que es por el bien común y todo el mundo contento. Después, este ciudadano adicto a lo políticamente correcto, a la pijo-progresía, se queja de lo mal que va el país.

Sí, los políticos son unos inútiles que sólo responden a los lobbies económicos (sector bancario, del motor, de la agricultura) y sociales (feministas, farsantes ecologistas, rentistas estatales, actores, sindicalistas, intelectuales...). Pero hagamos algo de autocrítica. Ningún político convertirá este país en un lugar de prosperidad: son el problema no la solución. Lo que convierte a España en un país de pandereta es la pasividad de sus ciudadanos que parecen más preocupados por el partido de futbol de la semana o por quién será el finalista de Gran Hermano, que por su propio bienestar económico y libertad individual. Si el ciudadano no se moviliza contra el Poder, contra la oligarquía política y su corte de burócratas para exigir más libertad para la gente y menos Gobierno, vamos a dejar a nuestros hijos un país integrado en el tercer mundo. La culpa no será exclusiva de los políticos, también será nuestra si no les ponemos freno.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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