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Jorge Vilches

El triunfo de la Confederación

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El último congreso de Convergència Democràtica nos ha dejado la imagen de un partido muy perdido. Pujol afirma que fue un “error” el participar en la política española con los Gobiernos del PSOE y del PP. Aquella colaboración reportó inversiones millonarias, a pesar de lo cual, la población catalana, dice, no lo ha visto bien. Quizá hubiera sido conveniente, con TV3 consolidada gracias a esa colaboración, que hicieran lo mismo que pretenden hacer con el resto de España: pedagogía. Explicar en qué consistía esa responsabilidad con el país, ese sentido de Estado más que de partido, nunca hubiera estado de más.
 
CDC no sólo dice que su pasado “colaboracionista” fue un error, sino que también su futuro no pasa por el fortalecimiento interior y la proyección social. Cifran su recuperación en recomponer la complicidad con Esquerra Republicana. No creo que haya antecedentes occidentales en los que un partido mayoritario, tras más de 20 años en el gobierno, diga a su electorado que todas sus esperanzas descansan en el gesto amable de un partido pequeño que compite por su mismo voto.
 
La desorientación culmina cuando afirman que no han sido apeados del poder por las urnas, sino por una conjura política que no respetó el que CiU ganara las elecciones autonómicas. Pero además, los malos resultados electorales de las generales del 14-M y las europeas del 13-J se deben, a su juicio, a la desmotivación de la militancia, y a que el electorado no les vota para “echar a nadie del poder”. No son razones que, desde un punto de vista politológico, ni siquiera razonable, se puedan aceptar.
 
Los Gobiernos de CiU alimentaron un nacionalismo catalán victimista y hambriento de autogobierno. Hablaron de sensibilidad no entendida en Madrid y de “hecho diferencial”. No explicaron su relación con los partidos estatales y, avergonzados, renegaron de ellos. Aquí no hay conjura política que valga. Fueron las urnas; esos mismos votos que ellos alentaron los que han preferido a unos partidos que se les mostraban más contundentes y con un mensaje sin dobleces. Así, ERC ha crecido a costa sobre todo de CiU.
 
Lo que ha hecho perder votos e imagen a CiU es el haber coadyuvado, desde el poder, a crear una Cataluña electoralmente unidimensional. En un panorama político catalán con dos dimensiones, la social y la nacionalista, ahora la primera no cuenta casi nada, como en el País Vasco. Han creído que su base electoral se encuentra entre los nacionalistas, y que una propuesta similar a la de ERC, o medio maximalista, puede devolverles lo que perdieron. Así, CDC propone en su congreso que hay que profundizar en el autogobierno y marchar hacia un “Estado confederal que reconozca la plurinacionalidad”. Pero no dicen que con una confederación se vea colmada su sensibilidad. La petición de ruptura del marco constitucional es evidente. La vía a un entendimiento con los que quieren un nuevo pacto estatal, una nueva Constitución, estaría abierto. De esta manera, aún le queda a Artur Mas una baza por jugar.
 
La falta de sensibilidad se extiende a Europa. La Constitución española no reconoce la plurinacionalidad, y la europea no establece el catalán como lengua oficial de la UE. Un congreso extraordinario fijará la negativa de CDC a la Carta Magna de Europa, a no ser que la política de la sonrisa, el talante de Zapatero, tape el agujero convergente. Tenemos un antecedente. El presidente del Gobierno logró que Ibarretxe se calmara. Patxi López ha asegurado que los nuevos tiempos crearán nuevos gobiernos y nuevos estatutos, todo ello gracias a su separación del PP, que tan “buenos resultados” les ha dado. Es probable que el PNV haga cambie sus socios de gobierno en aras a la presentación de un nuevo Estatuto que cuente con el visto bueno previo del Gobierno Zapatero ¿Por qué no puede haber el mismo cambio en el tripartito catalán? ¿Sería el triunfo de la Confederación?

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