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A gastar que el mundo se va a acabar

José Antonio Martínez-Abarca

&quote&quotePreparémonos para el placer decadentista de dormir asediados por cangrejos y ratas. Por lo visto, aquí vivíamos por encima de nuestras posibilidades, pero por debajo de las de nuestros acreedores.

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El Gobierno pide ahora a los españoles que nos gastemos todo lo que tenemos y sobre todo lo que nos gustaría tener en el presente, yendo de compras compulsivas, y que la confianza en el futuro la dejemos íntegramente en sus zarpas. El número dos de la ministra Salgado, Sr. Campa, sugiere que nos echemos a la calle a fundir los ahorros que guardamos bajo la baldosa para una eventualidad porque el socialismo ES la eventualidad y en realidad los españoles somos ricos, aunque sea a la manera de lo que decía Groucho Marx en Animal Crackers: "con un dólar ahorrado en Nueva York, vivirá como un Príncipe; claro que no podrá comer, pero vivirá como un Príncipe". No está exento de mérito lo que pretende el Gobierno: que dejemos nuestro futuro y el de nuestros nietos a una gente, ellos, que en los encuentros europeos sólo son abrazados por sus homólogos con una mano, porque la otra se queda en posición napoleónica en la previsión razonable de que vuele la cartera.

Uno creía que aquello de que "uno debe comerse muchas langostas fuera para poder llevar un cocido a casa" sólo se aplicaba a los pobres periodistas convidados por políticos, pero, por lo oído, el Ministerio de Economía quiere extenderlo al resto de la sociedad, para que cuadren sus previsiones de crecimiento. El problema es que ahora no es el Ministerio el que va a pagarnos las langostas. El Gobierno nos trata de colocar un futuro de segunda mano como esos cuatreros tan inútiles que le llevan la mercancía al mismo al que se la acaban de sustraer. Los españoles llevamos apenas ahorrado con qué pagarnos nuestro entierro y el Sr. Campa viene a decirnos que eso de querer que nos pongan flores en nuestra despedida es sólo miedo infundado, todo avaricia y golosinería, y es además antipatriótico, porque hay que pulirse todo cuanto poseamos antes. Ser cigarra es de izquierdas. El miedo a que llegue un invierno que por otra parte ya ha llegado es de
derechas. El arquetipo de probo ciudadano en España, para el Ministerio de Economía, será aquel espléndido Barón Corvo que, según se dice en el apreciable Diccionario de literatura para esnobs de Fabrice Gaignault, recién publicado en España, se paseaba por Venecia en una góndola fastuosa como el cortejo de Cleopatra y que, cuando se le acababa el futuro, o sea, cuando se quedaba sin perras, se conformaba con dormir "asediado por cangrejos y ratas".

Preparémonos para el placer decadentista de dormir asediados por cangrejos y ratas. Por lo visto, aquí vivíamos por encima de nuestras posibilidades, pero por debajo de las de nuestros acreedores. A este paso, y cuando hayan ya ordenado por ley que corramos a dejar desabastecidas las joyerías, los socialistas resucitarán aquella costumbre bancaria deliciosa del siglo XVIII, la de los "adelantos de herencia". Y que consistía en que te daban un crédito para gastar hoy el dinero que, dada la noble posición por casa que disfrutamos los españoles según su Gobierno (estamos podridos perdidos en patrimonio, insiste Campa), esperamos que algún día nos deje alguien en su testamento. Y si no, el problema no será nuestro, sino por supuesto y como siempre de Alemania.

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