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Fetos de pitufo

Los fetos de trece semanas más que con la humanidad se emparentan con la criptozoología, que como se sabe es la ciencia que se ocupa de las apariciones de seres desconocidos como el Ogo-Pogo de los lagos canadienses o el demonio de Jersey.

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Hasta hace dos telediarios se creía que los huesos de dinosaurios encontrados al azar eran restos del paraíso terrenal, si no de los animales que habían salido del arca de Noé para morir en un mundo menos lluvioso. Hace un telediario, se descubrió que esos mismos dinosaurios, sobre no haber contemplado cómo Eva le daba la manzana a Adán ni haber quedado varados tras el diluvio universal, eran parientes cercanos de los gorriones que picotean en el alféizar y no de criaturas mitológicas como la hydra o la manticora. Ayer mismo la ministra de Igualdad del Gobierno de España ha encontrado durante una rueda de prensa, por una iluminación mágica que demuestra, como quiere la izquierda, la muy relativa importancia de la experiencia, el saber y la comprobación empírica, un avance fundamental para el progreso: los fetos humanos de trece semanas, contra lo que se pensaba hasta ese segundo, no pertenecen a la misma especie que usted, lector, sino que se trata de un ente aún por catalogar.

Los fetos de trece semanas, según este avance, más que con la humanidad se emparentan con la criptozoología, que como se sabe es la ciencia (para algunas personas de poca fe, pseudociencia) que se ocupa de las apariciones de seres desconocidos como el Ogo-Pogo de los lagos canadienses, el demonio de Jersey, el chupacabras mexicano, los seres menores de los bosques vascos o el niño sirena del Cantábrico. Y ahora se les une el feto no humano de trece semanas que jura (bueno, promete) haber visto la ministra de igual da cuando se salió accidentalmente del sendero camino de casa de la abuelita.

Ya dijo Chesterton aquello de que lo malo de que la humanidad dejase de creer en Dios no es que ya no crea en nada, sino que empieza a creer en cualquier cosa y a creérselo todo. Por ejemplo, en el avistamiento de la ministra de Igualdad Bibiana Aído, quien muestra disfrutar de ese sistema de pensamiento inficionado de lecturas permitidas por el partido, informes sobre el poder curativo del cuarzo rosa o la baritina (¡los izquierdistas que hablan del "alma de las piedras"!), opúsculos sobre tantrismo aplicado a la mujer de hoy, el papel de la combustión espontánea en el flamenco, la transmigración del cuerpo astral entre administraciones socialistas y la genética común entre el feto antes falsamente llamado humano y Papá Pitufo. O quizás sea la Pitufina.

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