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Invitación a café en Fago

Un burgomaestre democráticamente elegido del PP. Un hacendado que se arrima al PSOE. El del PP que termina despanzurrado en una era, con una escopeta de postas. Lo normal.

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El oficial del ejército republicano, natural de Sevilla, abrió el armario y allí estaba escondida la imagen tonsurada de San Antonio casi de tamaño natural, que condenaba a muerte segura a mi bisabuela y a mi abuela. Pero calló ante sus subordinados, jugándose la delación ante el comité. El oficial falleció ya bien entrada la democracia, en una amistad nacida aquel día que ya no se perdió hasta la extinción de todos. Nunca reveló sus motivos. Tal vez porque no los había. Lástima que la historia de la Guerra Civil no fue en absoluto así. La historia de la Guerra Civil fue exactamente como lo ocurrido ahora en el municipio de Fago, Huesca. Con TVE cumpliendo con el papel que en el treinta y seis tenía la sección periodística a paseo, en determinada prensa provincial llamada la picota, hoy seguida provechosamente por el colectivo Maite Soroa en el diario abertzale Gara.

Exactamente así. Si salía o sale publicitado tu nombre, recibías o recibes la visita de unos amables señores que te hacían o te hacen una oferta para ir a tomar café.

Hoy como ayer, ayer como hoy, disputas vecinales se acogían a la coartada de la ideología para asesinar a sangre fría, ideologías se acogían a la coartada de la disputa vecinal. Y, como tramoya de fondo, la condena a medio país a la consideración de sacrificable por la mancha original de votar derecha.

A un candidato presentado por el PSOE a las últimas municipales lo han detenido como sospechoso del asesinato del alcalde del PP. Siempre hay excusa, didácticamente explicada por la tele en horario juvenil ("hoy vamos a ver la diferencia entre arriba y abajo", enseñaban antes en Barrio Sésamo, "hoy vamos a ver la diferencia entre alcaldes susceptibles de morir o no", enseñan ahora), para matar a alguien del PP. Por legalista, por ordenancista, por tiquismiquis, por antipático, por pertenecer al partido que no es, en definitiva, porque sí, porque, como diría San Agustín, "si no me lo preguntas sé lo que es, pero no lo sé si me lo preguntas".

¿Hace falta explicar lo obvio, lo que saben todos de por qué se empieza a eliminar físicamente otra vez a la derecha? La derecha se está ganando de nuevo muchas enemistades, y todo lo que pueda pasar tiene un motivo, porque hay que comprender, siquiera parcialmente, las razones de quienes desean terminar rápidamente con el problema. Como en los viejos tiempos. Un burgomaestre democráticamente elegido del PP. Un hacendado que se arrima al PSOE. El del PP que termina despanzurrado en una era, con una escopeta de postas. Lo normal.

Lo han invitado a café antes y también después de que el órgano de la bienpensancia oficial se
ocupara con toda la fanfarria estalinista habitual de su caso, a pesar de que el diminuto municipio que regía salga apenas en los mapas y no hubiese motivo imaginable para informar de nada. ¿Casualidad? Debe ser del mismo tipo que las del 11-M.

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