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José Carlos Rodríguez

Privatizar el agua

Me acuerdo de que uno de estos años el ABC, ya reencontrado periódico republicano de izquierdas, titulaba a doble página "Día mundial del agua ante la pesadilla de la privatización".

José Carlos Rodríguez
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Esta semana se ha celebrado el día mundial del agua, una de esas ocasiones que tienen los medios para retorcer la realidad y contarnos lo malo que es el capitalismo y la libre iniciativa individual. Me acuerdo de que uno de estos años el ABC, ya reencontrado periódico republicano de izquierdas, titulaba a doble página "Día mundial del agua ante la pesadilla de la privatización". Pero ni la pesadilla del mal periodismo puede frenar el notable desarrollo que está teniendo la provisión privada de agua en todo el mundo.
 
Y especialmente entre los más pobres. Son muchas las áreas a las que no llega el Estado, especialmente a las áreas más pobres. Pues es precisamente ahí, a las zonas más apartadas y en las que la miseria abraza los asentamientos humanos, donde llega el empresario, haciendo llegar agua de calidad a un precio asequible. Lo recordaba recientemente el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, en un artículo para el Wall Street Journal, con ejemplos de Ecuador, Colombia, Honduras, Chile. Muchas grandes ciudades de esos países también se abastecen del agua llevada por empresarios privados. En Chile, el sistema privado ha llevado agua de 1970 a 1994 del 27 al 94 por ciento de las áreas rurales, y del 63 al 99 por ciento de las urbanas.
 
El Estado, por su parte, hace lo único que sabe hacer. Al fin y al cabo es una máquina que redistribuye renta y propiedad para sí mismo y para quienes le sirven de apoyo. Un reciente libro, The Water Revolution, explica cómo “en la mayoría de los países pobres, los gobiernos perpetúan la escasez de agua. No proveen de agua a los pobres, pero ofrecen subsidios masivos para el uso de agua a intereses creados, como los grandes terratenientes”, como por ejemplo en India o Ecuador, entre otros. Lo lleva a donde le interesa. Por ejemplo, sigue el libro, “en la India y el África urbana, el Gobierno simplemente no lleva agua a las zonas periféricas, porque no las reconoce como legítimas. De este modo, los empresarios locales proveen de agua y servicios sanitarios a la comunidad, obteniendo un beneficio”.
 
No solo la iniciativa privada lleva el agua donde el Estado no puede o no quiere. Es que lo hace mucho mejor. En Argentina, la mortalidad infantil cayó de forma notable tras la privatización del 30 por ciento del sistema, especialmente (un 26 por ciento) en las áreas más pobres. Si los empresarios son capaces de hacer negocio vendiendo a los más pobres entre los pobres, ¿cómo es que hay quien sigue defendiendo que no llevarían el agua a sociedades avanzadas como la nuestra? Por esos y otros motivos, hay que privatizar el agua en España.

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