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José Carlos Rodríguez

Un mes aciago para Kerry

doce de cada uno de los periodistas favorece a Kerry frente a Bush. Nada de ello, sin embargo, ha merecido la atención de multitud de medios en nuestro país

José Carlos Rodríguez
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Este lunes comienza la Convención Republicana, y la Demócrata parece que no hubiera ocurrido nunca. En cualquier caso no ha dejado una huella en las preferencias del electorado por John Kerry, al revés de lo que suele pasar tras estos festines mediáticos. Lo que ha ocurrido desde entonces ahora no solo no le ha ayudado, sino que le ha dejado en una situación incluso peor. Acaba agosto, un mes aciago para el candidato demócrata, precisamente cuando George W. Bush va a recibir el entusiasta apoyo de su partido y la atención de los medios de comunicación a su mensaje. Con las encuestas sin decidirse y a dos meses de las elecciones.
 
El mundo no es el mismo desde los ataques a las Torres Gemelas, y eso lo ha entendido el Partido Demócrata, eligiendo a un candidato "fuerte" en materia exterior y que presume de un brillante expediente militar que le ha permitido colgarse al pecho tres corazones púrpura. Pero Kerry tiene dos problemas con eso. El primero es que presume de ellos después de habérselos arrancado simbólicamente, cuando se convirtió en uno de los líderes opuestos a la guerra del Vietnam a su vuelta de ésta, acusando a sus compañeros nada menos que de crímenes de guerra. Una doble cara que parece llevarse bien con su capacidad de mantener posturas contradictorias en multitud de temas. El segundo problema es que la mayoría de sus compañeros de aventura parece haber dicho hasta aquí hemos llegado, y han decidido contar la verdadera historia de John Kerry en la barca que surcaba los ríos de Vietnam y que él recordó expresamente en su vídeo de presentación ante su partido. Sus compañeros, republicanos, demócratas e independientes, han contado que su primera medalla la obtuvo en un día en el que no había fuego enemigo, y que la hedida que muestra con orgullo se la infringió él mismo de forma accidental, lo que ocurrió de nuevo en otro corazón púrpura obtenido tras otra herida auto-inflingida. En cualquier caso las heridas eran superficiales y no necesitaron más de una hora de hospitalización.
 
Varios veteranos de guerra llamados Swift Boat Veterans for Truth, compañeros del propio protagonista, han sacado un libro sobre Kerry, titulado Unfit for Command, incompetente para mandar, que está el número uno en ventas en Amazon. Las revelaciones del libro le dejan en una situación muy comprometida, pues a lo dicho se suman cosas como que mintió en un informe oficial, haciendo parecer un acto heroico la muerte de un padre y su hijo en su barca de pesca o que hay una foto suya en un museo de Vietnam, en su sección "Héroes de la Resistencia Vietnamita". Ayudó a distribuir propaganda antiamericana de la KGB, se reunió con varios grupos comunistas en la Conferencia de Paz de París y asistió a una reunión de Veteranos de Vietnam contra la Guerra, que cofundó, en la que se propuso el asesinato de algunos senadores partidarios de mantenerse beligerantes. John Kerry desafió el mensaje oficial de que ningún americano está pisando suelo en Camboya, en las navidades de 1968, diciendo en el Comité del Senado en 1986 que él mismo estaba allí. Más adelante resaltó "la absurdidad de estar a punto de ser matado por nuestros propios aliados en un país en el que Richard Nixon dijo que no había tropas americanas". Pero ni en diciembre de 1968 era Nixon aún presidente, ya que juraría el cargo al mes siguiente, ni Kerry estaba donde decía haber estado. Roy Hoffmann, capitán al mando de la unidad en la que se encontraba entonces Kerry, ha declarado que miente y que "nunca estuvo allí". Quizás le aterrorizara la idea de autoinflingirse una nueva herida en Camboya, país que no llegó a pisar, y fuera el recuerdo de su imaginación lo que traicionara su memoria. Y quizás si en vez de recordar las heridas nacionales de hace tres décadas, de las que él es protagonista de ambos bandos, hubiera sido más cauto sobre su actuación en Vietnam y hubiera hecho una llamada a la reconciliación frente a los nuevos enemigos, nadie le hubiera recordado su pasado.
 
Parece que el calor ha afectado a la capacidad de concentración de John Kerry, porque las meteduras de pata del candidato demócrata se han acelerado últimamente. Los ejemplos se multiplican. Kerry ha manifestado que él no estaría, como George W. Bush, siete minutos sin saber qué hacer tras los atentados del 11/S; lo que se ha demostrado cierto, porque luego se supo que él necesitó 40 minutos para comenzar a articular algún pensamiento o tomar alguna decisión. FactCheck.com, una organización que investiga la veracidad de los mensajes políticos, podría haberle servido de ayuda, ya que estuvo cercionándose de la veracidad de un anuncio pagado por su rival en el que se afirma que Kerry faltó al 76% de las reuniones del Comité de Inteligencia del Senado. Pero los investigadores acabaron concluyendo que el porcentaje era aún mayor, aunque no se puede determinar con certeza, porque el propio Kerry ha negado el acceso a los datos de su participación en reuniones a puerta cerrada. El demócrata criticó la propuesta de Bush de reducir el número de tropas en Corea; pero alguien recordó que solo dos semanas antes había hecho la misma propuesta. Un nuevo ejemplo de la habilidad de este líder para mantener posturas antagónicas, que en este caso le han aconsejado prudentemente dejar la cuestión de las tropas en Corea fuera de su campaña.
 
Todo ello ha encontrado repercusión en los medios estadounidenses, pese a que, según una reciente encuesta de The New York Times, doce de cada uno de los periodistas favorece a Kerry frente a Bush. Nada de ello, sin embargo, ha merecido la atención de multitud de medios en nuestro país, con honrosas excepciones.

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