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Zapatero anuncia al fin medidas

Hace diez días, el hombre más rico del mundo visitaba Madrid con 200.000 millones de euros en el bolsillo listos para invertir. Nadie del Gobierno, pero tampoco de la oposición o de los gobiernos regionales de uno u otro partido, se interesó por recibirlo

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Tengo un amigo obstinado en que los números no tienen dobles lecturas. Y estoy de acuerdo con él: no tienen dobles lecturas, sino triples, cuádruples e infinitas lecturas. Apenas hay que asomarse a las interpretaciones que hacen los economistas de una misma tabla estadística para darnos cuenta de que todo es, como decía nuestro inmenso Calderón de la Barca, según el cristal con que se mira. Sobre todo cuando se trata de prospecciones.

Pero una cosa es esto y otra bien distinta es sentenciar que quienes han predicho que estamos en crisis son antipatriotas, y que el optimismo en materia económica, con la que está cayendo, es necesario para que no se destruya todavía más empleo. Porque aunque la interpretación de los números pueda ser ciertamente subjetiva, lo que no conduce a nada bueno, al menos cuando hablamos de economía, es negarse a ver la evidencia no ya de los números estadísticos, sino de la realidad misma que viven millones de españoles.

El final de cualquier crisis comienza cuando se identifican adecuadamente las causas que la han originado y se actúa en consecuencia. Y aquí, con un larguísimo periodo electoral precedente y un cansino impasse desde la investidura como el que llevamos, estamos perdiendo demasiado tiempo en reconocer los problemas y en afrontar serena pero seriamente las soluciones.

El presidente del Gobierno ha anunciado una batería de medidas contra la crisis. Entre ellas, ha anticipado la convocatoria del Pacto de Toledo sobre las pensiones, que era algo realmente inaplazable a estas alturas, así como el diálogo social y político en torno a las medidas que se van a aplicar. Todo ello, sin embargo, no deja de ser aún ni positivo ni negativo en sí mismo. Habrá que esperar a la concreción de las propuestas y al resultado final de las mismas. Por ejemplo, una moderación salarial fruto del acuerdo social sería positiva, pero en cambio sería perniciosa una subida del SMI tan desproporcionada y caprichosa como la que Zapatero anunció en los prolegómenos de la campaña electoral.

De momento lo estamos fiando para largo, lo que no es desde luego una buena noticia. El Gobierno parece no tener demasiada prisa y dice que esas medidas que va a implementar comenzarán durante el verano y, sobre todo, a partir de septiembre. O sea, un año después desde que, en agosto pasado, estallara la crisis subprime.

Hay que tener sumo cuidado, porque las crisis son un caldo de cultivo extraordinario para la incubación y desarrollo del intervencionismo, bien de izquierdas o de derechas. Por mi parte, creo que es una ocasión única para profundizar en la liberalización de la economía que ha venido produciéndose desde 1986 y, con mayor velocidad, desde 1996, con un significativo parón durante la pasada legislatura. Es el mercado, sin interferencias, quien tiene que resolver sus contradicciones. Por ello, el Gobierno debiera centrar sus propuestas, si quieren ser verdaderamente reformistas, precisamente en hacer que el mercado goce de mayor libertad de movimientos. Por ejemplo, en el mercado laboral queda muchísimo por hacer.

De otra parte, conviene no olvidar que estamos en un mundo globalizado, donde las marcas de países compiten por atraer inversiones y capitales, y por ganar cuotas de mercado. Ahí es otro campo donde el Gobierno tiene mucho que decir y hacer. Con una balanza como la española, este es un asunto de vital importancia. Hace diez días, el hombre más rico del mundo visitaba Madrid, entre otras plazas europeas, con 200.000 millones de euros en el bolsillo listos para invertir. Nadie del Gobierno, pero tampoco de la oposición o de los gobiernos regionales de uno u otro partido, se interesó por recibirlo. Eso no es de recibo y dice mucho de nuestra clase política.

Y finalmente, las reformas a largo plazo. En nuestro país, tan apasionado en las batallas quijotescas, nos hemos centrado en cuestiones como la Educación para la Ciudadanía, pero donde de verdad nos jugamos la competitividad de mañana es en el refuerzo de las asignaturas científicas, en la promoción de la cultura emprendedora y en el aprendizaje de idiomas, fundamentalmente inglés y chino. Por poner un ejemplo.

Ya veremos, pues, de qué va el programa anunciado por el Gobierno. De momento, el nuevo mix energético presentado por Sebastián no ha podido ser más decepcionante, al insistir en el error de marginar incomprensiblemente la energía nuclear.

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