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Cataluña: se van los cínicos y llegan los locos

Cautivas y desarmadas las fuerzas del raciocinio posibilista, las tropas de Junqueras ya ocupan el primer lugar en las preferencias del electorado.

José García Domínguez
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Siempre procede volver a Pla cuando se trate de entender lo que sucede en Cataluña. Así, en un muy célebre retrato coral de aquellos atrabiliarios diletantes de la Esquerra que dominaron la Generalitat en tiempos de la República, certifica el de Palafrugell: "En este país hay una forma cómoda de llevar una vida suave, tranquila y regalada: consiste en afiliarse al extremismo (...) En todo el mundo, las posiciones extremas de la política se mantienen por la gente más abnegada, más idealista, más romántica. En nuestra casa, el cercado extremista está poblado de escépticos, individualistas y pedantes". Sin duda pensando en eso, en llevar una vida suave tranquila y regalada, Artur Mas se enfundó el disfraz de Garibaldi hace apenas medio año.

Al igual que antes hiciera el señor de Iznájar, su olvidado predecesor, cuando no dudó en encamarse con el demonio para alumbrar el segundo tripartito. Y he ahí los brillantes resultados de ese común afán de CiU y PSC por frecuentar a los jacobinos de ERC. Los socialistas catalanes, arrostrando los peores resultados electorales de su historia y hundidos en el fango demoscópico según todos los sondeos. Y CDC, a la luz de la encuesta que acaba de difundir la propia Generalitat, desposeída del liderazgo hegemónico que venía ejerciendo sobre el catalanismo político desde el último medio siglo. Es como una mantis religiosa, quien se acerca a la Esquerra con animo de cortejarla nunca sobrevive.

A día de hoy, cautivas y desarmadas las fuerzas del más elemental raciocinio posibilista, las tropas de Junqueras ya ocupan el primer lugar en las preferencias del electorado local. Un éxito para el único político catalán que se cree en su fuero interno lo que dice en público. Y una constatación empírica, la enésima, de que no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. La comedia bufa del referéndum secesionista ha llegado a su último acto. Como la vida política de Artur Mas. Y como el dominio pétreo de la sociovergencia en el entramado institucional catalán. Se van los cínicos y llegan los locos. Torna, pues, la Cataluña trabucaire y rifeña de los Macià y los Companys. Acaso también la de los Dencàs y los hermanos Badia. Grandes estrategas esos de CiU y PSC.

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