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José García Domínguez

Chacón y el Ejército de Azaña

Está por ver que tengamos la milicia ansiada por el más ilustrado de nuestros misántropos. Pero que sufrimos catalanistas idénticos a los que padeció en vida, sobre eso no hay disputa. Por desgracia.

José García Domínguez
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A falta de épica, mercancía más bien escasa durante aquellas horas en que una soldadesca beoda secuestró el Congreso, ha habido que echar mano de la lírica para apuntalar con alguna dignidad la memoria colectiva del 23-F. Así, los españoles, que nunca tuvimos nuestra Plaza de Tahrir, acaso para compensar, hemos dispuesto un sillón en el Consejo de Ministros a nombre de la señora Chacón Piqueras. La misma que tantos y tan comprometedores documentos empaquetara la noche de autos en Espulgues de Llobregat. Al respecto, y armada con la retórica edulcorante que exige la efeméride, la ministra ha dado en proclamar que ahora "disponemos del Ejército que Azaña soñó hace ochenta años".

Yo no sé con qué soñaría o dejaría de soñar don Manuel Azaña, que por lo demás, y como buen demócrata, nunca discriminó a sus coetáneos militares frente a los civiles: los despreció a ambos con idéntica intensidad. No obstante, sí me aventuraría a asegurar que ni en la más negra pesadilla se le apareció una Chacón Piqueras ocupando su despacho en el Ministerio de la Guerra. Y ello, al margen de consideraciones obvias, porque Azaña no estaba preparado, él no, para contemplar a un nanonacionalista catalán en las supremas magistraturas de España. Ni aunque se tratase de uno tan impostado y ful como doña Carme. Alguien que, salta a la vista, jamás ha leído una página del alcalaíno.

¿Le sonará siquiera Garcés, el alter ego del presidente que en La velada en Benicarló clama hastiado: "Barcelona quiso conquistar las Baleares y Aragón, para formar con la gloria de la conquista, como si operase sobre territorio extranjero, la Gran Cataluña. En el fondo, provincianismo fatuo, ignorancia (...) deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme, inconsciencia, traición". Y luego continúa: "Hablan de la guerra en Iberia. ¿Iberia? ¿Eso qué es? ¿Un antiguo país del Cáucaso? A este paso, si ganamos, el resultado será que el Estado le deba dinero a Cataluña". Apenas semanas antes de redactar el párrafo, Azaña, todavía refugiado en Montserrat, había contemplado con estupor el decreto de la Generalidad por el que se creaba un llamado Ejército Nacional de Cataluña. Está por ver, en fin, que tengamos la milicia ansiada por el más ilustrado de nuestros misántropos. Pero que sufrimos catalanistas idénticos a los que padeció en vida, sobre eso no hay disputa. Por desgracia.

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