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Llámese doctor Ratzinger o Perico de los Palotes, aquí, al que ose piar en tono discordante procede machacarlo; fulminarlo; pisotearlo como a una cucaracha, si no pudiera ser de obra, al menos de palabra.

José García Domínguez
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Las airadas proclamas iconoclastas de tanto comecuras a cuenta de la visita del Papa a uno le recuerdan lo que contaba Pío Baroja sobre un tal Morote. Al parecer, el Morote en cuestión no cesaba de pontificar en periódicos y gacetillas de la época contra la generación del 98. Pues, según él, ninguno de aquellos autores habría sabido componer obras populares que llegasen a las masas. Aunque acto seguido añadía que su influencia sobre el país fue nefasta. Quedaría en el misterio, sin embargo, cómo pudo ser tan terrible el efecto de unos escritos que no leyó nadie. Y es que en España, a decir de don Pío, rige una herencia ancestral que ordena no conformarse con rechazar cualquier doctrina o corriente que se tenga por hostil.

Llámese doctor Ratzinger o Perico de los Palotes, aquí, al que ose piar en tono discordante procede machacarlo; fulminarlo; pisotearlo como a una cucaracha, si no pudiera ser de obra, al menos de palabra. Así, siguiendo el magisterio de Morote, hay que propalar que al díscolo nadie le hace caso, que es un necio, un inepto, y que su prédica carece de ascendiente alguno sobre el común. Mas, al tiempo, urge dar la voz de alerta sobre su muy siniestra influencia entre la población. Como ese estadista de Hospitalet, el cesante Corbacho, que acaba de afear a la Iglesia el "haber intentado muchas veces imponer sus criterios contra la voluntad soberana del pueblo".

Y por qué no lo habrá conseguido nunca, cabría preguntarse. ¿No será, acaso, porque se limita a tratar de convencer de la bondad de sus postulados al pacífico, democrático y muy civilizado modo? En fin, sea como fuere, lo que en verdad ha de parecer intolerable provocación a Corbacho es eso de que los católicos se empecinen en seguir la doctrina de Cristo. Un delito de lesa posmodernidad que igual ha denunciado un Ricard Gomà, regidor paleocomunista de Barcelona, al deponer que "Ratzinger es la cara más rancia y más oscura de la Iglesia". "Parece un cura", le faltó añadir. Vaya usted a saber, quizá esperase de Benedicto XVI un canto a la poligamia, la ablación del clítoris y las gansadas de Carod con la corona de espinas. Cuánto Morote suelto, Señor.

Tertuliano de Es la Mañana de Federico y La Noche de Dieter.

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