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José García Domínguez

Contra Fraga

En fin, Fraga, que es a la derecha liberal lo mismo que Atila a la industria de los fertilizantes, resulta que, ahora, anda con prisa por sentar a Gallardón en el palco del Gran Inquisidor Centrista. Cosas veredes, que decía el otro.

José García Domínguez
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A don Manuel siempre hay que escucharlo poniendo mucha atención. No porque jamás haya habido manera humana de descifrar lo que dice, sino porque el fundador viene a ser lo más parecido a Scott Fitzgerald que nos ha dado la provincia de Lugo desde Prisciliano. Y es que Fraga también habla con la suprema autoridad que le da el fracaso. Por lo demás, como ya desde pequeñito ha llevado el Estado dentro de la cabeza, al de Villalba nunca le ha quedado el más mínimo espacio en la testa para almacenar ideas. De ahí que lo suyo sean las ocurrencias. La penúltima nos la regaló ayer. Y es ésa de que habrá que ir pensando en hacerle la cama a Mariano Rajoy, que, a cinco minutos de una convocatoria electoral, se ve que es lo que más le conviene al Partido Popular.

Lástima que don Manuel sólo haya salido perito en preparar las sucesiones del prójimo. Razón de que cuando fueron a convencerlo para que no regalara Galicia a Touriño y su Anxo Exterminador, saltase raudo con el cuento del cumpleaños del obispo. Ya saben: "Hijo mío, no pongamos límites a la voluntad divina", dicen que replicó cierto venerable mitrado a un arcipreste que acababa de desearle que cumpliera otros cien años más. En fin, Fraga, que es a la derecha liberal lo mismo que Atila a la industria de los fertilizantes, resulta que, ahora, anda con prisa por sentar a Gallardón en el palco del Gran Inquisidor Centrista. Cosas veredes, que decía el otro.

Más de una vez hemos barruntado aquí que las dos enfermedades crónicas de la derecha española son el fulanismo y la adicción a la gomina. Así, que al partido de orden durante la República tuvieran que bautizarlo Confederación de Derechas Autónomas ya lo dice todo sobre la primera de esas taras genéticas que arrostra hoy el PP. En cuanto a lo otro, lo del pelo, que casi es más grave aún, también viene de atrás y, por lo que se ve, tampoco tiene remedio. De ahí que no hayamos de extrañarnos en absoluto del caprichito que le ha entrado a don Manuel por el capataz de aquella patética Alianza Popular que nunca alcanzó ni cinco miserables millones de votos. Al cabo, si a esas dos pandemias se les pudiese poner nombre y apellidos, el ruiz-gallardonismo ya aparecería en todos los informes anuales de la Organización Mundial de la Salud al lado del tifus, el cólera y las fiebres de Malta.

Trece interminables años de socialismo trincón. Ese fue el precio que hubimos de pagar a cuenta de que aquella derechona de Atapuerca que representaban Fraga y su amado ahijado Alberto siguiera rehusándose a entrar de una puñetera vez en la Modernidad. Trece infinitos años de nepotismo al por mayor y mediocridad a granel. Pues, nada, ya volvemos otra vez a las andadas. Lo dicho: no tienen cura.

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