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José García Domínguez

Contra Luis de Grandes

Luis de Grandes, ese cráneo previlegiado anda pregonando a los cuatro vientos una inconsolable desazón porque un partido que ni pretende romper la Constitución, ni demoler la soberanía de la Nación, horror, ha crecido en sufragios.

José García Domínguez
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Como todos los dirigentes inseguros de su propia talla, Rajoy ha dado en blindar sus personales e intransferibles miedos haciéndose escoltar por una corte de sombras chinescas: eminencias de capital de comarca, estadistas del Todo a cien, cicerones de Tómbola, napoleones de Notting Hill, estrategas de la señorita Peppys, maquiavelos de patio de vecindad y papas Luna de Valencia. Así, su compadre Luis de Grandes, ese cráneo previlegiado que anda pregonando a los cuatro vientos una inconsolable desazón, suprema angustia y triste penar porque un partido que ni pretende romper la Constitución, ni demoler la soberanía de la Nación, ni desconstruir España, horror, ha crecido en sufragios. Terrible drama. Por algo alertan los avisados de que no hay kleenex suficientes en el todo Madrid con tal de enjugar las amargas lágrimas del abatido segundón.

Torrencial aunque tardía vocación de plañidera, la suya. Pues, que se sepa, nunca antes el alma en pena del gran culiparlante se puso a dar tales vueltas a la noria del desasosiego. Será que a don Luis le colma de gozo contemplar a la carmoma centrífuga, llámese CiU, PNV, ERC, BNG o Rubianes somos todos, extendiendo la metástasis del chantaje al Gobierno de turno, ora al del PSOE, ora al del PP. Eso será, digo yo. De ahí, tal vez, que el doliente Grandes jamás haya dicho esta boquita de piñón es mía a fin de denunciar la ley del embudo electoral que establece la propia Constitución.

Que la Carta Magna avala el cohecho perpetuo de los micronacionalistas al Estado, de sobra lo sabe la voz de su amo. Vaya, mejor que nadie, que por algo ya sesteaba nuestro héroe en la Comisión Constitucional del Congreso allá por 1978. O sea, cuando Grandes & Cía elevaron a ley de leyes el muy democrático principio de un nacionalista, un voto; un no nacionalista, medio y gracias. Supremo sarcasmo sufragista que, en la práctica, prohíbe la existencia de una bisagra nacional y no secesionista para consolidar mayorías en las Cortes. Razón primera y última, por cierto, del congénito raquitismo parlamentario que padecerían Alianza Popular y el CDS de Suárez o, ahora mismo, Izquierda Unida, fuerza también nacional a su pesar.

Don Mariano, prométale otra vez que no volvería a recurrir el Estatut. Venga, hombre, a ver si así se calla.

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