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José García Domínguez

Cristofobia

De tal guisa, el nuevo Papa Luna de la Iglesia Comtiana Renovada de Este País empezará su pontificado en los pupitres bajo el nombre de Rodríguez I

José García Domínguez
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La cristofobia del presidente del Gobierno ya se ha convertido en penitencia curricular y evaluable por la que deberán pasar todos los escolares españoles a partir del próximo curso. Educación para la Ciudadanía han bautizado la cosa. El invento no irá de representar nuevos episodios de Cuéntame en las aulas como presumen los inadvertidos. Porque lo que maquinan no quedará en hacerle un lifting a la vieja FEN. Al contrario, pretenden ir mucho más atrás en el túnel del tiempo. Se trata de que los púberes y púberas sean transportados a los auténticos orígenes de la utopía colectivista, es decir, de la utopía. Ahí, en las raíces, no se toparán con Kunta Kinte, sino con Auguste Comte, el padre de la ingeniería social y unos de los inductores intelectuales de los cien millones de asesinatos que dejó tras de sí el socialismo en el siglo XX. Y es que la tal Educación para la Ciudadanía no consistirá más que en el adoctrinamiento de los niños en el genuino culto al Leviatán. Con ella, el PSOE aspira a que los futuros votantes se arrodillen y oren ante el altar del Estado, el mayor criminal de la Historia como justamente lo definiera Octavio Paz.
 
Al tiempo, sin abandonar ni por un instante el talante angelical, Zetapé ha ordenado llevar al BOE el obituario de Dios, fallecimiento del que tuvo noticia a través de los Cuadernos de Educación Popular que garabateaba la camarada Marta Harnecker. Y si el ochenta por ciento de los padres aún no se ha enterado de la defunción y desea que sus hijos estudien Religión Católica, será su problema. Porque el integrismo laicista del querubín monclovita tampoco admitirá diálogo alguno con la sociedad en esa cuestión. Ceder significaría traicionar el sueño de la educación para el gregarismo que ahora va a hacer realidad. No, el presidente no mancillará la memoria del padre.
 
Comte, aquel tarado que inventó la sociología y fuera secretario de Saint-Simon, acabó sus días autonombrándose Sumo Pontífice de la Religión Positiva. Era la suya una obediencia a la diosa Razón de Estado, ésa de la que jamás han hecho apostasía los socialistas, ya fueran utópicos, científicos o risueño-iletrados como nuestro Rodríguez. Así, fiel a su única fe, la criatura celestial que nos manda está dispuesta a colocarse la tiara al modo de Napoleón. De tal guisa, el nuevo Papa Luna de la Iglesia Comtiana Renovada de Este País empezará su pontificado en los pupitres bajo el nombre de Rodríguez I. "Dejad que los niños se acerquen a mí", exigirá con la mejor de sus sonrisas en la portada del catecismo por fichas, el obligatorio, además del correspondiente examen, para aprobar la materia. Ése que ya están imprimiendo a toda prisa en la editorial del Gran Inquisidor.

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