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José García Domínguez

De manguis, choris y juláis

convenció al Banco Mundial de que le condonara la deuda externa; y al día siguiente, va y levanta 47 millones de dólares para comprarse nueva de trinca una aeronave presidencial que ríete tú del Air Force One

José García Domínguez
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"Ha de haber gente pa tó", gritó El Guerra cuando le presentaron a Ortega, haciéndole saber que se trataba de un gran filósofo. Desde entonces, aquel aforismo creado por un atónito hijo del pueblo ha dado para hacer muchas risas, lo que no desmiente que encierre una gran verdad. Y es que, efectivamente, siempre ha habido gente pa tó. Sin ir más lejos, yo colecciono cleptómanos. Creo que ese hobby inofensivo es lo único que me une al presidente Rodríguez. A él, le encantan Sadam Husein, Fidel Castro y Mohamed VI, y a mí, me pierde uno que se llama Kaguta. El mío es un poco cutre, lo reconozco. Sé que me gasto un chorizo de serie B; un simple maletilla al lado de sus gángsteres. Es verdad, el pobre Kaguta no pasa de aprendiz de trilero comparado con el coma andante o el pariente del profeta. En fin, admito que patrocino a un julai de tercera. No obstante, tengo grandes esperanzas depositadas en él, y confío en que no me defraudará. Además, qué demonios, Yoweri –de pila le pusieron Yoweri– es mi mangui.
 
A este Yoweri Kaguta lo tengo colocado de presidente de Uganda desde que derrocó a Idí Amín Dadá, el caníbal que todavía ostenta el récord absoluto de aplausos en una Asamblea General de la ONU (lo logró tras pronunciar un emotivo discurso contra Israel y todos los judíos del mundo). Y nada, hasta ahora, muy bien y tal. Pero, oye, en cuanto se enteró; con decirte que me ha colapsado el buzón de mensajes del Amena. Que de dónde habéis sacado a ese membrillo; que si es cierto que se va a enrollar; que está dispuesto a concederle una entrevista; que si tengo algún contacto para empezar a mover ya lo suyo; que qué trámites hay en España para transferir fondos a Suiza. Y todo así. Imagínate el mareo que llevo.
 
Yo adopté a Kaguta cuando lo del avión. Ahí no me quedó más remedio que sacarme el sombrero. Te puedes creer que convenció al Banco Mundial de que le condonara la deuda externa; y al día siguiente, va y levanta 47 millones de dólares para comprarse nueva de trinca una aeronave presidencial que ríete tú del Air Force One. Entonces comprendí que era mi hombre. Bueno, pues también me ha dejado dicho que aquello no fue nada; es más, que a partir de ahora, ni lo piensa poner en el currículum; y que cuando se haya trabajado el tema del cero siete, se lo piensa cambiar por uno mejor que acaban de sacar los americanos. Eso me tiene ilusionado. Porque él tiene madera de figura. Y para uno es un orgullo haber ayudado a sacarlo del anonimato. Lo único que me inquieta es el asunto del feminismo radical. No hay manera de hacérselo repetir. Nada, no hay forma. No comprende qué relación tiene con lo nuestro. Parece mentira. ¡Con lo que vale mi Kaguta!

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