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José García Domínguez

De payasos y racistas

Todos los biempensantes que repiten eso de que no se puede ser nacionalista y de izquierdas deberían estudiar a fondo la biografía de Barrera.

José García Domínguez
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Todos los biempensantes que repiten eso de que no se puede ser nacionalista y de izquierdas deberían estudiar a fondo la biografía de Barrera.
Ada Colau. | EFE

La alcaldesa Colau, de Barcelona, encarna el paradigma de un clásico universal de la doblez moral al que en Cataluña, siempre tan chabacana en sus aproximaciones a la metafísica, se le llama “hacer la puta y la Ramoneta”. Así, Colau ha querido compensar su papel al nombrar vocero oficial de la Mercè –las fiestas tradicionales que se inventó Cambó tras ser elegido concejal– a un payaso racista, cierto Tortell que ha aprovechado la ocasión para insultar a sus conciudadanos castellanohablantes, con la retirada de la Medalla de Oro de la ciudad a otro racista si bien menos dado a las payasadas, Heribert Barrera, el histórico de la Esquerra. Desde su muerte, Barrera constituye una figura incómoda en el gran panteón laico del santoral catalanista. Tan indisimuladamente crudos, sus comentarios xenófobos sobre los negros o sobre los andaluces, para él dos subespecies de homínidos muy parejas, eran los propios de otra época, cuando todavía se podía hablar de ciertos temas con claridad prístina fuera del ámbito estrictamente privado.

El problema de Colau y de los catalanistas que se tienen a sí mismos por cosmopolitas, civilizados y progresistas es que los tipos como Barrera no constituyen ninguna excepción anómala y marginal dentro de la historia del nacionalismo doméstico sino que, bien al contrario, suponen una muestra muy representativa de la psicología profunda que comparten los devotos de esa causa. A fin de cuantas, Barrera no era el hijo de ningún nazi o fascista de los años veinte. Su padre, consejero de Trabajo en la Generalitat de Macià y en la de Companys, fue durante gran parte de su vida un sindicalista de la CNT, estrecho colaborador desde muy joven de Ángel Pestaña y del Noi del Sucre. Todos los biempensantes que repiten eso de que no se puede ser nacionalista y de izquierdas deberían estudiar a fondo la biografía de Barrera. Al cómico Tortell, un tontaina de la tele, y al químico Barrera, un universitario de gran cultura, los une no la misma ideología sino la misma paranoia enfermiza, esa consistente en creer que el genuino pueblo catalán corre riesgo de extinguirse ante la presión demográfica de la inmigración peninsular. Y de ahí su común extravío racista. Desengáñense los incautos: Barrera no era muy distinto a todos los demás.

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