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El doctorado ful de Junqueras

El tribunal, huelga decirlo, estuvo integrado por una partida de cuates y compadres del cabecilla de la Esquerra.

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Oriol Junqueras | EFE

Alguien escribió en su día que el ADN del preso común Oriol Junqueras i Vies podría estar más emparentado con el de los franceses que con el de los españoles, en el improbable supuesto de que exista tal cosa. El ADN de Junqueras quizá sea el propio de un guiri muy seriamente enemistado con los cánones griegos de las proporciones y la armonía, no seré yo, líbrenme los dioses, quien lo niegue. Pero los toscos mimbres éticos y deontológicos que inspiran las emanaciones intelectuales de su masa encefálica parecen más bien castizos. Castizos hasta decir basta. Castizos hasta el bochorno. Castizos hasta la náusea. He ahí, si no, su tesis doctoral, un sonrojante refrito de plagios y autoplagios que mereció la calificación de"premio extraordinario de doctorado"al tribunal local encargado de evaluarlo. Tribunal, huelga decirlo, integrado por una partida de cuates y compadres del cabecilla de la Esquerra. Junqueras, quien antes de convertirse en político profesional se ganaba la vida como guionista también profesional de concursos y programas de entretenimiento en la televisión catalanista, accedió al grado de doctor con una tesis de 420 páginas de las cuales el 76%, esto es, ¡319 planas!, correspondían a fotocopias de publicaciones ya editadas y evaluadas con anterioridad o a lo que en el ámbito universitario serio se llama seguidismo (reproducir las ideas y argumentos de otro autor sin explicitarlo ni tampoco nada propio u original aportar). Esto es, copiar a saco y con descaro de algún muerto (en ese tipo de estafas resulta imprescindible que la víctima del desfalco yazca difunta y enterrada para que no pueda defenderse).

Así, el guionista de concursos Oriol Junqueras logró ascender al respetable estatus de sesudo profesor universitario merced a un caótico pastiche sobre la economía catalana durante el siglo XVII fruto todo él del asalto a los cinco tomos de Historia política y económica de Cataluña en los siglo XVI y XVII,obra magna que el traspasado historiador local Jaume Carrera Pujal diera a la imprenta en 1946. En la siempre recomendable web Somatemps, uno de los viveros germinales del proyecto Tabarnia, han tenido la paciencia (y el estómago) suficiente para investigar y documentar la genealogía del timo de la estampita junqueriana. Y la conclusión de ese viaje al fondo de la miseria moral e intelectual de la españolísima universidad barcelonesa bajo control y tutela de las falanges catalanistas permite constatar lo que sigue. Veamos, el premio extraordinario Junqueras fotocopió y encuadernó, sin alterar ni una sola coma y presentándolo como una investigación nueva y original, una vieja tesina ya evaluada años atrás por sus profesores de la carrera de Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona. En concreto, la totalidad de lo contenido en la tesis desde la página 61 a la página 212 son fotocopias de aquel otro ejercicio antiguo. Y de ahí la estupefaciente extravagancia de que la presunta tesis de Junqueras contenga ya las principales conclusiones finales de la presunta investigación en las páginas centrales del escrito, no en las últimas, como aconseja la lógica. Puesto que las fotocopias del trabajillo incrustado incluían sus propias conclusiones, el doctorando, ni corto ni perezoso, no se privó de reproducirlas también. Es sabido: lo que no mata, engorda.

Porque en una tesis ful lo más importante es llenar hojas y más hojas, siempre desde la certeza de que cuantos más folios y folios contenga la artimaña, menos gente se prestará a leerlos, prudente cautela que minimiza el riesgo de que el embeleco sea descubierto por terceros ajenos al fraude. Nadie se extrañe, pues, de que el extraordinario Junqueras también colara enterito otro trabajillo antiguo de su época estudiantil, un relleno de paja que le serviría para ocupar con letras y frases las páginas que van de la 389 a la 404. Ese forraje reciclado lo había presentado en 1999 a sus tutores académicos, tres años antes de volver a colar la misma hojarasca en la tesis. Por lo demás, y como buen cuatrero conocedor de todos los trucos y zorrerías propios de cierto tipo de autores de divulgación histórica peritos en fabricar best sellers como churros, Junqueras también recurre al viejo ardid de comenzar citando a Carrera Pujal para, de improviso, hacer desaparecer cualquier referencia a su nombre del texto mientras sigue expoliando sin piedad ni pudor sus escritos. Una impiedad y un impudor que se hacen extensivos a otro clásico de los grandes farsantes editoriales: abrumar al lector potencial con una retahíla interminable de bibliografía "consultada" que se cita para impresionar a los incautos, pero que en realidad no ha sido utilizada en absoluto para la elaboración de la obra. Añeja usanza de trilero que en el caso de Junqueras incluye el agravante de interrumpir el listado de sus fuentes bibliográficas en 1949, casualmente el año en el que dejó de publicar Carrera Pujal a causa de su fallecimiento.

Y este era, decían, el más serio, estudioso y formadito de la banda.

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