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José García Domínguez

El neoliberalismo no es pecado

Deformados por la ideología, devienen incapaces de concebir que lo que se les enfrenta no sea otra ideología. No les cabe en la cabeza que se pueda razonar extramuros de esas cárceles del pensamiento que son las ideologías, todas las ideologías.

José García Domínguez
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Al igual que su prestamista favorito, parece que también el cocalero Morales confunde el culo con las témporas en materia de pensamiento político. Como Zapatero, Evo cree con la fe del carbonero que el liberalismo vendría a ser el sucedáneo laico de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Algo así como una escolástica burguesa plagada de dogmas abstractos, eternos e invariables, legado de difuntos apóstoles del capital a fin de fundar una siniestra distopía. De ahí que, no contento aún con haber ofendido ya a los españoles en el Palacio Real, optara por insultar su inteligencia en la Universidad Complutense.

"Les reto a que me demuestren que el neoliberalismo ha dado alguna solución para la Humanidad en su conjunto", dicen que espetó allí a un auditorio entregado. Soberana gansada que recuerda muy mucho a otra máxima de Perogrullo especialmente cara a nuestro presidente del Gobierno, a saber, la que nos alerta de que "el mercado no puede resolver todos los problemas". Como si alguien con dos dedos de frente hubiera sostenido alguna vez lo contrario. Como si el liberalismo también pretendiese disponer de la respuesta al catálogo completo de los males colectivos del planeta, al modo de Castro, Chávez y el propio Evo. Deformados por la ideología, devienen incapaces de concebir que lo que se les enfrenta no sea otra ideología. Simplemente, no les cabe en la cabeza que se pueda razonar extramuros de esas cárceles del pensamiento que son las ideologías, todas las ideologías.

Por lo demás, que Bolivia deje de ser como Bolivia exige, entre otras obviedades, realizar costosas y constantes inversiones que no resultarán rentables ni mañana ni pasado. Por tanto, se requiere que los empresarios llamados a afrontarlas posean la certeza absoluta de que sus derechos serán respetados en el futuro por el Evo de turno. Es la única vía y pasa por ahí, por que la gente albergue la seguridad de que alguna instancia judicial independiente impondrá el cumplimiento de los contratos. Si ese marco institucional no existe, o está controlado por el poder, o es corrupto, o puede alterarse en cualquier momento, habrá bonitos discursos, viriles puños en alto, vistosos ponchos rojos, incendiarias soflamas contra el neoliberalismo y, con un poco de suerte, algo de caridad internacional, pero nunca, jamás dejarán de ser Bolivia.

Y ahora, a expropiar Repsol.

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