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José García Domínguez

El PSOE y el Dinero

Hemos escuchado el silencio con esos 33 millones de euros que los mandarines de la banca han tenido a bien regalar al PSOE, igual que quien arroja unas piastras al botones de un hotel por andarse presto con el servicio de recogida de equipajes.

José García Domínguez
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Cuentan los más viejos del lugar que cuando una inclemente noche de invierno se congelaron las cataratas del Niágara, todos los habitantes de las cercanías despertaron víctimas del pánico: por primera vez en sus vidas, habían escuchado el sonido del silencio. Y algo parecido ha venido a ocurrir en estos páramos con esos treinta y tres millones de euros que los mandarines de la banca han tenido a bien regalar al PSOE, igual que quien arroja unas piastras al botones de un hotel por andarse presto con el servicio de recogida de equipajes.

Así, de los terribles Savonarolas del libre mercadeo que predican su fe en la Villa y Corte, ensordecedora jaula de furibundos grillos por lo común, cabría recitar aquello tan manido de Neruda: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente..." . Y es que pocos silencios tan atronadores recuerda uno como el de tan dóciles corderitos durante las últimas horas. En fin, es sabido, aquí, en la patria del Buscón Don Pablos, la afición se postula en extremo librecambista, sobre todo, de cintura para abajo. Pero en cuanto la devota piedad hacia Adam Smith alcanza la altura de la chequera, la feligresía descubre al súbito modo que, de vez en cuando, la famosa mano del escocés resulta ser invisible por la sencilla razón de que no está ahí. 

Sin ir más lejos, tal ocurre con el sector financiero más sólido del mundo. O el más renuente a ceder ni un mísero céntimo al prójimo, que tanto monta. ¿Aunque para qué habría de hacerlo si puede ganarse la vida tomando préstamos al uno por ciento en el BCE e invirtiéndolos, un segundo después, en deuda del Estado al cuatro? Corporativo alarde de heroico patriotismo que, por ciento, recibirá justo reconocimiento con los 140.000 millones de euros de los contribuyentes que se le inyectarán gratis et amore, ora vía FAAF, ora vía FROB. Un déjà vu que en tiempos de Solchaga respondía por el latiguillo falaz de la única política económica posible, y ahora se repite, siempre igual a sí mismo, bajo el fulero mantra del único plan de rescate posible. Como si no hubiera sido ni deseable ni factible auxiliar, por ejemplo, a los titulares individuales de hipotecas, tan ajenos ellos, ¡ay!, a la larga mano de Ferraz.

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