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José García Domínguez

Elogio de Rubalcaba

El prejubilado Rubalcaba es a Zapatero lo que en tiempos fuera Almunia a González: un mero regente sin aspiraciones al trono; el paréntesis institucional llamado a garantizar la sucesión efectiva una vez llegado el momento procesal oportuno.

José García Domínguez
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Uno de los padres del socialismo utópico, Charles Fourier (no confundir con Fournier, el de los naipes) postulaba muy en serio que el avance irrefrenable del Progreso llevaría a lograr que algún día el agua del mar supiese a limonada. Zapaterismo, y en estado puro, avant la lettre. Nada nuevo bajo el sol, pues. Ahora, sus huérfanos, igual los de José Luis que los de Charles, deberán decidir si la derrota de 2012 tendrá sabor a Fanta o a ácido úrico; esto es, a Chacón o a Rubalcaba. Marx, que era demasiado burgués como para no desdeñar a los idealistas, dejaría escrito aquello tan manido de que la Historia solo se repite bajo el manto de la farsa. Sin embargo, también en eso se equivocó. Porque la Historia gusta de volver sobre sí misma por pura rutina.

Al respecto, el prejubilado Rubalcaba es a Zapatero lo que en tiempos fuera Almunia a González: un mero regente sin aspiraciones al trono; el paréntesis institucional llamado a garantizar la sucesión efectiva una vez llegado el momento procesal oportuno, ni un segundo antes. Don Alfredo, y con él el aparato de Ferraz, encarna al reo que se sabe condenado en sentencia firme y reclama como última voluntad designar a sus sepultureros. Apenas eso. Nada más. A alguien le tengo leído –quizá a Espada– que para Rubalcaba ya es muy tarde y para Chacón, muy pronto. Aunque en el jardín de infancia de Twitter y la TDT nunca es demasiado pronto para vender limonadas.

Pensamiento, abstracción analítica o ideas, naturalmente, no. Pero limonada... De ahí que se equivoque la fiel infantería de la derecha apuntando el trabuco contra el valido. No reparan en que se trata de una rémora del viejo paradigma; un superviviente de la era de Gutenberg, anacronismo por completo ajeno a las coordenadas telegénicas que rigen la política posideológica. No así Chacón, una maestra en orillar la capacidad de raciocinio en pos de las emociones, pericia suprema de su mentor, el difunto Zapatero. La ningunean porque no tiene nada en la cabeza, al cabo su más preciado atributo, el que habrá de llevarla a la cúspide del PSOE. Esa gran fuerza nacional que controla el Ayuntamiento de Vigo y la Diputación de Ciudad Real.

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