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José García Domínguez

En tierra de fariseos

Un Trias henchido de gozo identitario y renacida fe nacionalista corrió a firmar el manifiesto público que llevó por título "Estatut, Jo Sí". Un entusiasta papel a favor de ese cambalache aliñado entre Zapatero y Mas.

José García Domínguez
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Josep Maria Trias de Bes, esa joya de la corona que acaba de fichar Rosa Díez, bien podría firmar un manual de autoayuda que se titulara "Por qué dejé de ser comunista, por qué dejé de ser socialdemócrata, por qué dejé de ser nacionalista catalán de derechas, por qué dejé de ser el más aznarista entre todos los aznaristas del PP, por qué volví a ejercer de nacionalista catalán apoyando el Estatut del Tripartito y CiU y por qué ahora soy de izquierdas y españolista de toda la vida". Seguro que se convertiría en un best seller en el Caprabo y hasta en los nueve círculos del Infierno de Dante. Pues, salvo al Partido Proverista y la Falange Auténtica (lo de la otra habría que comprobarlo con lupa), el ínclito Trias de Bes ha jurado fidelidad eterna a todos los partidos políticos de España y (probablemente) de Andorra.

Así, nuestro héroe empezó su dilatada trayectoria de sacrificio, entrega y compromiso en las filas de los comunistas del PSUC. Al poco, migró raudo hacia el minúsculo chiringuito de los socialistas catalanes de buena casa. Aquel selecto club privado de los Reventós, Narcís Serra y Maragall que abduciría al difunto PSOE local. Todo antes de convertirse en hombre de máxima confianza de Pujol en las Cortes de Madrit. Doce durísimos años ocultando su íntimo amor a España mientras permanecía infiltrado entre las filas de los diputados nacionalistas de la Minoría Catalana. Hasta que Aznar con esa vista de lince suya dio en cooptarlo como gran esperanza blanca del PP doméstico.

Resultado: otros cuatro añitos más en el Parlamento, sesteando esta vez en las bancadas del Grupo Popular. Y luego, un retiro dorado en la presidencia de Transmediterránea. Merecido premio a los incontables –por ignotos– servicios prestados a la causa. Pero ya se sabe, no hay quinto malo. Nadie se extrañe pues de que, coincidiendo casualmente con el retorno de los populares a la nada, nuestro Josep Maria sufriese una repentina iluminación mística. Fue entonces cuando Prat de la Riba se le apareció en sueños anunciándole la buena nueva de que Cataluña habría de ser nación gracias a un tal Zapatero.

De ahí que un Trias henchido de gozo identitario y renacida fe nacionalista corriera a firmar el manifiesto público que llevó por título "Estatut, Jo Sí". Un entusiasta papel a favor de ese cambalache aliñado entre Zapatero y Mas sobre el que algún año del próximo siglo se habrá de pronunciar el Constitucional. Y mientras, a ejercer de paladín de la unidad de España con la expectativa de trincar otro escaño por UPyD. En fin, que se vaya preparando don Antonio Mingote para la próxima querella. Y si no, al tiempo.

Nota bene:

"Personal y políticamente me alegro mucho de su incorporación a nuestras filas [la de Trias de Bes al PP catalán]. Dará más credibilidad a la condición nacionalista de nuestro proyecto. El catalanismo, el centrismo y el compromiso con España constituyen la columna vertebral de nuestro ideario". Jorge Fernández Díaz, diputado nacionalista por Barcelona (La Vanguardia, 18 de agosto de 1995)

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