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José García Domínguez

Entre Obama y Pedro Castro

He ahí el espectáculo crepuscular de lo público convertido, sin disimulos ni coartadas, en privativo comercio de insaciables castas locales. Un tupido entramado feudal por completo ajeno a toda idea superior.

José García Domínguez
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Cuando ya habíamos desenterrado otra vez ese patrioterismo garbancero tan caro siempre a la España castiza, con su afligido rasgar de vestiduras por la "tutela exterior", sale el compañero Pedro Castro y deja clarito que, aquí, no hay más tutela ni tu tía que la interior. Y que pueden decir misa el FMI, la OCDE y el Ecofin. O cantar en gregoriano el G-7, el Banco Mundial, Obama o el mismísimo porquero de Agamenón. Porque, al final, el único que en verdad pone firme al Adolescente es el Excelentísimo Alcalde de Getafe, agreste paisano de carácter algo rifeño y erudita prosa testicular, como es fama. A los hechos, por lo demás, nos remitirnos.

Fantasiosa, reza la Ley Orgánica del Gobierno en su artículo primero que el Ejecutivo "dirige la política interior y exterior". Siempre y cuando don Pedro no tenga a bien mandar otra cosa, le falta aclarar. Así el límite a la juerga crediticia de los ayuntamientos, que ha durado lo que Castro tardó en levantar el auricular del teléfono. Por algo su igual en el PP, un Fernando Martínez, alcalde de no sé dónde, saltó presto a reclamarle "coraje" con tal de seguir horadando al impune modo la solvencia financiera del Reino. Huelga decir que no hizo falta que le insistiera. He ahí el espectáculo crepuscular de lo público convertido, sin disimulos ni coartadas, en privativo comercio de insaciables castas locales. Un tupido entramado feudal por completo ajeno a toda idea superior. Hidalgos pedáneos que alimentan a sus vasallos a cambio de lealtad ciega, y agradecidos séquitos estamentales vinculados por juramentos de sangre a sus benefactores. Punto.    

Certifica Ortega, en 1914, mientras se hunde la Restauración en el fango institucionalizado de la esclerosis caciquil: "La España oficial consiste en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios de alucinación". Pudiera haberlo escrito hoy sin mover una coma. A fin de cuentas, ni entonces ni ahora, nunca, a un Estado débil cupo engendrar un Gobierno fuerte. Por algo, entre nosotros, las declaraciones de guerra las firma el corregidor de Móstoles, y el último dictamen en materia de Hacienda Pública recae, cómo no, en ese Perico de las Criadillas. País.     

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