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José García Domínguez

Gamberros de derechas y conspiradores de izquierdas

Ni Rivera se va a desfondar ni Errejón va a pescar sólo en los caladeros de Podemos.

José García Domínguez
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Ni Rivera se va a desfondar ni Errejón va a pescar sólo en los caladeros de Podemos.
EFE

Dos teorías perfectamente gratuitas, o sea carentes del menor apoyo probatorio en la realidad ambas, la teoría de la gamberrada y la teoría de la conspiración, son casi lo único que hay detrás de todos esos sesudos análisis prospectivos que airean estos días los medios de comunicación, los que aseguran que el PSOE va a ganar las elecciones sin apenas despeinarse, que Ciudadanos se desmoronará como un castillo de naipes y que Vox retendrá la práctica totalidad de sus actas, mientras que el PP, en fin, cosechará un crecimiento exponencial que lo convertiría en el genuino vencedor moral de los comicios.

Mas vayamos por partes. Y empecemos por los presuntos gamberros de la derecha. Porque la premisa mayor de la teoría de la gamberrada apela al axioma de que un segmento numéricamente generoso de los votantes fijos y estructurales del Partido Popular decidió de modo estratégico castigar a los suyos –por los muchos yerros de Rajoy– en las anteriores elecciones transfiriendo sus votos de modo circunstancial a las candidaturas de Ciudadanos. Así las cosas, y una vez consumada la gamberrada, todos esos díscolos habrían decidido ya volver a casa, algo avergonzados por las consecuencias de sus actos. Su paso esporádico por Ciudadanos no habría tenido entonces mayor trascendencia que el de una ocasional canita al aire.

Ese análisis no tiene en cuenta, sin embargo, que los muy buenos resultados en términos de escaños que obtuvo Ciudadanos obedecieron más al efecto de una arbitrariedad aritmética específica de nuestro sistema electoral que a las transferencias de apoyos procedentes de otros partidos. En España, y por razones de orden técnico, la formación que logra superar, aunque sea por poco, la barrera del 15% de los sufragios resulta premiada con un aumento mucho más que proporcional de escaños. Viceversa, si baja del 15%, aunque esa disminución semeje menor en términos de votos, la pérdida de actas también resultará mucho más que proporcional. De ahí que resulte tan aventurado firmar hoy pronósticos sobre el inminente derrumbe de Rivera. Y es que Ciudadanos también podría perder muchos votos el 10 de noviembre sin que, paradojas de la ley electoral, la sangría afectase demasiado a su actual número de escaños. Y ello por efecto de la abstención.

Así, cuanto más suba la abstención, menos se alejarán los porcentajes de Ciudadanos de ese crítico 15%. Está claro, pues, que la abstención jugará a su favor el 10 de noviembre. Factor clave que la innúmera legión de los publicistas de la teoría de la gamberrada tampoco ha tenido en cuenta a la hora de anunciar alegremente el entierro prematuro de Rivera.

Y después está la teoría de la conspiración, siempre tan del gusto del personal en sus infinitas variantes. Algún iván redondo, incluyendo entre los posibles candidatos al propio Iván Redondo, habría propuesto en un sanedrín secreto reunido en los sótanos de la Moncloa lanzar y patrocinar la candidatura de Errejón a fin de garantizar la victoria segura de Pedro Sánchez. El problema es que Errejón, tal como ya empiezan a advertir todas las catas demoscópicas, no sólo pescará en los caladeros de Podemos, sino que se va a llevar un buen pellizco del propio PSOE. Vaya, el negocio de las cabras a poco que se despisten. O sea, que hay partido.

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