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José García Domínguez

Increíble pero cierto

Incluso en la patria putativa de la inmersión lingüística, el mítico –para los catalanistas– Québec, existen escuelas anglófonas en las que los niños reciben la educación primaria en su lengua materna.

José García Domínguez
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Leo en un editorial de El Mundo, periódico que por lo demás no ha escatimado elogios al redactado de la Ponencia Política del Congreso del PP, que "quince millones de ciudadanos que residen en Cataluña, el País Vasco, Galicia y Baleares no pueden educar a sus hijos en español". Asunto baladí que nada debe tener que ver con ese gloriosa Constitución de 1978 que en el papelito alumbrado al alimón por Soria y Lassalle es tenida por "la mejor de nuestra historia". Se refieren, huelga decirlo, a la misma Carta Magna que el partido de Fraga y Gallardón se negó en redondo a suscribir cuando fue tramitada en las Cortes constituyentes.

Bien. Sigo leyendo Increíble pero cierto, que así se titula la airada denuncia del diario de Pedro Jota, y al punto constato que el título hace honor al contenido de la pieza. Pues increíble pero cierto es que, con tal de salvarle las vergüenzas a la mejor Constitución de la historia, hasta la prensa más crítica es capaz de engañarnos y engañarse con la aberración liberticida que parece denunciar. "Los responsables de Educación [del País Vasco] alegan que no hay demanda en español (...) Es el mismo pretexto que se utiliza en Cataluña para no aplicar tres sentencias del Tribunal Superior de Justicia de esta comunidad, que establecen que las autoridades tienen que garantizar el derecho a la escolarización en castellano", desinforma El Mundo.

Sí, desinforma. Porque, simplemente, no es cierto que los tribunales hayan establecido que, en España, a un español le asista derecho constitucional alguno para que sus hijos sean educados en español. Ocurre que esas tres sentencias del TSJC no amparan tal prerrogativa. Al revés, los tres famosos pronunciamientos judiciales que el editorialista no ha leído vienen a ratificar precisamente lo contrario. A saber, la muy legítima potestad que otorga la mejor Constitución de la historia a la Generalidad de Cataluña con tal de prohibir el normal uso del español en las escuelas españolas bajo su jurisdicción.

Y es que la mejor Constitución de la historia resulta ser la única del mundo que garantiza la persecución efectiva de la lengua nacional en gran parte del territorio sobre el que rige. Sí, sí, la única del mundo. Porque incluso en la patria putativa de la inmersión lingüística, el mítico –para los catalanistas– Québec, existen escuelas anglófonas en las que los niños reciben la educación primaria en su lengua materna.

¿Increíble? Cierto.

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