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José García Domínguez

La balanza de la Chacón

Habremos, pues, de sacar otra vez el pizarrín para explicarle a la Carme y al resto de los ex andaluces que mandan en el PSC que, por inaudito que se les antoje, los impuestos los pagamos las personas, no los territorios.

José García Domínguez
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Ahora que andamos de efemérides patrióticas, no estaría de más ojear el texto de la Constitución de Cádiz. En fin, aunque sólo fuera con tal de recordar lo que establece en su artículo 339, uno que reza tal que así: "Las contribuciones se repartirán entre todos los españoles en proporción a sus facultades, sin excepción ni privilegio alguno". Digo que no estaría de más porque desde que la Nación soberana proclamara ese sano propósito ya han pasado 196 años. Vaya, que algo ha llovido, aunque no lo suficiente al parecer. Y es que en cuanto supo la nueva, la España más retrógrada, reaccionaria y casposa, la que nunca ha podido tolerar que, amén de justos y bondadosos, fuéramos iguales ante la ley, se echó al monte. Ese monte en el que sigue desde le fecha de autos, porque aún no ha bajado.

Se trata de la misma España negra que hoy brinca entusiasmada con la instauración de la democracia orgánica en sentido estricto, o sea la genital, que acaba de santificar el Tribunal Constitucional. Tal es su euforia ante el avance definitivo hacia el corporativismo medieval que hasta ha designado a una mujer para que nos recite la eterna plegaria absolutista del cura Santa Cruz. Por ella, acabamos de saber que los socialistas catalanes van a incluir en su programa la exigencia de que se elabore una balanza fiscal entre Cataluña y eso que Pepe Montilla llama el Estado español. Al parecer, el PSC ya se ha decidido a enarbolar sin disimulos el pendón, no de la Chacón sino de los fueros de Wifredo el Velloso.

Habremos, pues, de sacar otra vez el pizarrín para explicarle a la Carme y al resto de los ex andaluces que mandan en el PSC que, por inaudito que se les antoje, los impuestos los pagamos las personas, no los territorios. De ahí, por ejemplo, la singular circunstancia de nadie haya sorprendido jamás a la montaña de Montserrat o la plana de Vic haciendo cola ante la delegación de Hacienda de la calle Urgel con un impreso del IRPF. Luego, en la segunda clase, deberemos desasnarlos sobre otra realidad no menos ignota y hasta enigmática para un progresista de Barcelona.

A saber, que Narcís Serra, el presidente de la Caixa B, apoquina muchos más impuestos que un jornalero de Iznájar no por ser catalán, sino por ser millonario. Por último, en el caso práctico que cerrará el cursillo, calcularemos la única balanza fiscal que no ofende a la razón ilustrada. Una que en la columna de la derecha sume el valor pecuniario de los servicios policiales, judiciales y penitenciarios ofrecidos por España a Josep María Sala, el secretario de formación del PSC. Y que en la de la izquierda haga lo propio con los saldos de todas las liquidaciones del Impuesto de Sociedades abonadas por Filesa, Malesa y Time Sport.

Venga, apúntatelo en la chuleta, Carme, que tú vas para nota.

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