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José García Domínguez

La contrarreforma laboral

¿Cómo hacerles comprender que quien debe ser protegido es el trabajador, no el puesto de trabajo?

José García Domínguez
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De creer a El País, Zapatero ultima a estas horas el decreto de la contrarreforma laboral. Grosso modo, ese parto de los montes pretendería universalizar el despido de 33 días por año, frente a los 45 que establecen los contratos indefinidos ordinarios. Ergo, ante cualquier otra alternativa de resultado incierto, el Gobierno, prudente, habría optado por el único fiasco garantizado. Porque ese presunto apaño suyo asegura resultados más que conocidos. Por algo, la sopa de ajo que acabarían de inventar en La Moncloa ya vegeta en nuestra legislación laboral desde hace décadas sin que nadie, ni empresarios ni trabajadores, quiera ingerirla jamás. O sea, de los males, el peor.

Como es norma de la casa, pues, el Adolescente va a embarcarse en otro viaje cosmético a ninguna parte con tal de seguir jugando al gato y al ratón con la realidad. Un autismo, el suyo, que no sólo comparte con esos sindicalistas de camisa abierta, carajillo de anís y puñetazo en la barra del bar, los canónicos por estos lares. Y es que la tropa que con muy generosa licencia semántica llaman "derecha liberal conservadora", en el fondo, piensa exactamente igual. Repárese, si no, en el estupefaciente espectáculo que nos vienen regalando sus cráneos privilegiados desde el jueves pasado. Así que, mejor, aprestémonos a soportar un diluvio de rancia verborrea vacua a cuenta de ese sacrosanto principio tan caro a todos ellos, a saber, el de la famosa defensa de los puestos de trabajo.

En fin, vaya usted a explicarles que la apertura de China al capitalismo y la mundialización han añadido, de la noche a la mañana, 2.400 millones de trabajadores al mercado global. Considérese que entre Estados Unidos, Japón y Europa no sumábamos ni mil millones de almas asalariadas, y se podrá crear un juicio aproximado sobre el limbo donde habita nuestra elite dirigente. ¿Cómo hacerles comprender que quien debe ser protegido es el trabajador, no el puesto de trabajo? Un imperativo colectivo, ése de eludir la concurrencia en miseria salarial y vital con el Tercer Mundo, que sólo lograremos con formación permanente, no con quimeras blindadas de 33 ó 333 días. Lástima que la huelga general de la inteligencia que han proclamado Toxo y Méndez les impida verlo.

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