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José García Domínguez

La ira de los justos

Se entiende, ya que el proceso está roto y bien roto, el ulterior golpe –éste letal de necesidad– contra la izquierda abertzale que acaba de prometer el mismo PSOE: la derogación oficial y solemne del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

José García Domínguez
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Como tampoco debe andar muy puesto en eso de las nuevas tecnologías, Pepiño aún no ha descubierto a qué botón hay que darle para borrar su penúltima anotación en el blog heterodoso. Razón de que cualquiera pueda leer ahí lo que sigue: "Reitero lo ya manifestado por el Presidente. Con violencia no hay diálogo, y sin diálogo no hay proceso. Por lo tanto, el proceso, porque así lo ha querido la banda terrorista ETA, está roto".

Se comprende entonces que, puesto que con violencia no hay diálogo, la primera represalia fulminante del Partido Socialista frente a los crímenes de Barajas haya de consistir en un desfile tras esa pancarta de Ibarretxe que rezará: "Por la paz y el diálogo". Igual que se entiende, ya que el proceso está roto y bien roto, el ulterior golpe –éste letal de necesidad– contra la izquierda abertzale que acaba de prometer el mismo PSOE: la derogación oficial y solemne del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

Que se vayan preparando, pues, Ternera y Txeroqui, porque se les va a acaba el agravio comparativo de la miel de la vida fuera del mako. Y es que la paciencia de Zapatero tenía un límite. Un límite que se llamaba Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. En consecuencia, a partir de ahora los taldes que siguen en la calle ya no podrán seguir beneficiándose ni un minuto más de aquel apartado del pacto que prescribía: "La política penitenciaria forma parte de la estrategia contra las bandas terroristas (...) La legislación penitenciaria ha de aplicarse asegurando el más completo y severo castigo a los condenados por actos terroristas".

Mas, por muy duras que se antojen esas coléricas arremetidas contra la ETA, que nadie crea que cesará ahí el castigo. No, esta vez los socialistas van a ser implacables. Ahí está, para acreditarlo, Miquel Iceta, el portavoz de Montilla, que en la frontera de la saña acaba de lanzarles una puya directa al corazón. Así, con intención de que no olviden jamás el mandato bíblico que aconseja temer por encima de todas las cosas la ira de un hombre bueno, Iceta ha regurgitado: "Tampoco se debe esconder la indignación que nos produce ver cómo algunos parecen alegrarse de volver a la situación anterior a la declaración de alto el fuego". Traducido del catalán: "Que les quede muy clarito a los gudaris: entre los asesinos y los asesinables, la espada flamígera de los barandas del Tripartito seguirá firme y alerta, apuntando contra el único enemigo de siempre". Pobres etarras, con sus dos últimas víctimas recién sepultadas, y los de Zetapé ya les han demostrado con creces que la violencia siempre es inútil y jamás sirve para lograr ningún objetivo político.

Y pensar que no aprenden.

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